12/01/2026
01:27 AM

Opciones políticas

    Cada vez, con mayor frecuencia, los sistemas políticos de distintos países se orientan hacia los extremos ideológicos, tanto de derecha como de izquierda, tendencia visible tanto en naciones del primer como del tercer mundo.

    Ello ocurre cuando los pueblos se sienten frustrados al no encontrar respuestas a sus problemáticas y expectativas prioritarias. Tales sentimientos de rechazo hacia la democracia representativa son astutamente aprovechados por políticos e ideólogos para presentarse ante el electorado como la opción viable, la única que pueda dar solución a sus demandas.

    Tales cantos de sirena conducen, más temprano que tarde, hacia el despeñadero, el naufragio, el colapso, en el que las mayorías resultan ser las grandes perdedoras. Y los responsables de tal tragedia generalmente no dan cuenta de sus actos, ni demuestran públicamente el haber fracasado en el cumplimiento de las promesas ofrecidas a sus compatriotas.

    Tanto los gobiernos de extrema derecha como de izquierda sean de corte fascista, corporativista o del socialismo real, unos y otros de corte totalitario, han resultado ser un fraude, un engaño, una mentira, que medraron a costa del sufrimiento y represión de los gobernados, forjando y consolidando élites privilegiadas, exentas del escrutinio público.

    Son aquellos que se posicionan en el centro del espectro político-ideológico, regidos por contrapesos, rendimiento de cuentas, transparencia, con alternabilidad en el poder, receptivos a las críticas de la oposición y la sociedad civil, con suficiente voluntad para enmendar yerros y rectificar oportunamente, los que demuestran ser, aún con limitaciones, los que pueden garantizar el respeto y vigencia plena de los derechos humanos, el desarrollo humano y crecimiento económico compartido, exentos de imposiciones, verdades únicas, dogmatismos y maniqueísmos en que la persona individual está por encima de la razón de Estado, los que pueden conducir a los pueblos hacia la convivencia armoniosa a lo interno y externo, sin manipulaciones, aberraciones ni fraudes.

    El aprendizaje de la democracia debe ser permanente a efecto de fortalecerla y no debilitarla, para ello contando con la activa participación popular, vigilante de las actuaciones en quienes ha delegado temporal y periódicamente autoridad y poder, con elecciones periódicas que garantizan la alternabilidad en el ejercicio de la función pública. Se construye y fortalece progresivamente, con el equilibrio, complementariedad e independencia entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, sin relaciones de subordinación, tal como lo establece nuestra Constitución política.