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Mujeres de Honduras

  • Actualizado: 24 enero 2016 /

    Como sucede con otras conmemoraciones, porque lo mismo se dice del Día de la Madre, del Padre o de la Bandera, un día dedicado a la mujer es poco. Sin embargo, es importante decir que la celebración del Día de la Mujer Hondureña puede servirnos para reconocer y agradecer el aporte que históricamente han hecho nuestras mujeres al desarrollo social, económico y político del país.

    En principio, la indispensable transmisión de los valores que modelan la conducta privada y pública de una persona, cierto que no solo en Honduras, ha sido tarea de nuestras madres. Como nos señalara doña Leticia Silva de Oyuela en su libro Mujeres hacendadas de Honduras, en esta tierras hubo familias en las que, mientras los hombres se dedicaban a arrear ganado hacia Guatemala y México o participaban en guerras fratricidas, las mujeres no solo se ocupaban de las tareas típicamente domésticas, sino que cuidaban del ganado, sembraban las milpas, gobernaban a los mozos que trabajaban para ellas y, además, sacaban adelante a los hijos.

    Si se tratara de hacer una lista de aquellas mujeres de Honduras que han destacado en el mundo de las letras, educación, economía, política, no habría, en este editorial, suficiente espacio. Hay que reconocer lo triunfos logrados por mujeres de manera autónoma, sin ser la sombra ni estar a la sombra de ningún hombre.

    El siglo XX nos ha legado, solo para poner algunos ejemplos, la figura de doña Irma Acosta de Fortín; no solo la primera mujer que estudió y se graduó de ingeniera civil en la Universidad Nacional, sino la pionera de la educación superior en el ámbito privado, la que luego de una lucha titánica abrió una brecha que tanto bien ha hecho al país y que gracias a ella se rompió el monopolio del Estado en la formación de la ciudadanía en el nivel universitario. Cuando se escriba la historia de la educación superior en Honduras, el nombre de la ingeniera Acosta de Fortín seguro que ocupará un sitio prominente. Otra mujer excepcional fue doña Leticia Silva de Oyuela. Historiadora, cronista de la ciudad de Tegucigalpa, docente universitaria, investigadora, promotora cultural, etc. Una mujer, además, que rezumaba humildad y sencillez, que evitaba las poses intelectuales y que no era muy popular en algunos ambientes porque iba con la verdad por delante y la esgrimía sin miedo.

    A estas mujeres y a todas aquellas que dejan su vida sobre una máquina de coser en las maquilas o llevan un canasto de verduras mientras gritan sus productos, caminando, por las calles del barrio o la colonia, a las que apenas terminaron la primaria, pero hoy se matan para que sus hijos vayan a la universidad, a ellas, nuestro saludo en este día.