Con total justicia debe concluirse que uno de los méritos de su trayectoria vital fue al haber impulsado, con el respaldo de una parte de la primera generación pos independencia que lo respaldó durante fungió como presidente, y por vez primera en la recién liberada América Española, un modelo inédito de desarrollo, a partir de 1829 cuando al frente de sus tropas estatales, derrotó al régimen conservador de Arce residente en Guatemala, sede de las máximas autoridades civiles, eclesiásticas y militares desde tiempos coloniales.
El conjunto de medidas implementadas a partir de ese año buscaban la modernización y actualización histórica de la República Federal del Centro de América, dejando atrás el legado colonial, feudal-monopólico vigente, para reemplazarlo con las transformaciones que estaban ocurriendo en la Europa Occidental, sustituyendo al antiguo régimen por el capitalismo tanto en la económico como en lo social y doctrinario. La libertad comercial, la propiedad individual sobre los medios de producción, la separación entre el Estado y la Iglesia, la educación elemental, laica, gratuita y obligatoria, el juicio por jurados, la igualdad jurídica, la abolición de títulos nobiliarios, formaban parte esencial de tal programa, mismo que por vez primera se implementaba en el subcontinente americano. Además, la defensa de la unión ístmica, requisito fundamental para que la nueva nación pudiera resistir con posibilidades de éxito los intentos por restaurar el colonialismo y los antiguos privilegios clasistas y el expansionismo ingles, posesionado de
Belice, Roatán, La Mosquitia mucho antes de 1821, y que pretendía, con su poderío naval y financiero, ocupar el vacío de poder y control dejado por Madrid, para así controlar el canal interoceánico que se pretendía construir por Nicaragua, que se constituiría en el medio propicio para mundializar a la América Central al poseer y controlar la vía acuática que acortaría las distancias entre el Atlántico y el Pacífico, impulsando con ello el comercio y la globalización del planeta.
Sus planteamientos chocaron con las realidades y obstáculos internos y externos que se interpusieron y eventualmente condujeron a su colapso, al desintegrarse la unidad en 1838, dando paso a la fragmentación y a rivalidades por disputas fronterizas y comerciales, que en varias ocasiones condujeron a enfrentamientos bélicos entre hermanos.
No obstante, sus idearios no se marchitaron con el transcurso del tiempo: por el contrario, mantienen permanente actualidad y vigencia. Toca a esta y futuras generaciones el deber y obligación de retomar tales ideas, con los ajustes que sean necesarios pero conservando su esencia y objetivos: hacer de la Patria Grande un país prospero, digno, incluyente, solidario..