Las celebraciones con motivo del Día del Periodista maquillan la andadura cotidiana de los comunicadores en un ambiente de felicitaciones, adulaciones y premios que no parecen hallar límites, llegando a ubicar su entrega profesional, su credibilidad, honestidad y valentía en pedestal de héroes.
Nada más alejado de la realidad que no es otra que la del día siguiente en la búsqueda, elaboración y publicación o difusión de la noticia. Lo del cuarto poder debiera encuadrarse como ejemplo de retórico, cercano a la demagogia, pues la confianza y credibilidad en el mensaje periodístico exige absoluta y total separación del poder para ser respetado y no temido. Lo primero respaldado con la honestidad, lo segundo en su ausencia.
Las informaciones que llegan sobre los informadores no son muy alentadoras, pues todavía persisten obstáculos y peligros reales, no imaginarios, contra la libre expresión, derecho fundamental de todos los ciudadanos. Las presiones sobre comunicadores y medios llegan desde todos los ángulos y en todo momento, pero, precisamente por ello, constituyen la prueba de fuego, cuya superación será certificada por la aceptación de los lectores, televidentes y radioescuchas.
El periodismo en los medios tradicionales es espoleado en los últimos años por las nuevas tecnologías, elaboración de los mensajes y la presentación de las imágenes. Salud a las nuevas generaciones y a quienes añoran los teletipos y las máquinas de escribir mecánicas.