22/01/2023
12:22 AM

Más noticias

Libertad de prensa

    Cada 3 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Libertad de Prensa, una fecha que, año con año, reclama la atención de la población para reflexionar sobre su derecho a expresarse, opinar y a elegir estar informados para procurar vivir en una sociedad menos injusta y más abierta. Y aunque se reconocen algunos avances en la defensa de la libertad de expresión —como la derogación de la Ley de Secretos en Honduras y la proliferación de nuevos portales digitales—, no ha sido uno de los mejores años para los medios de comunicación que, en todo el planeta, enfrentan la salvaje censura de gobiernos autoritarios que no solo atacan sus reputaciones, sino presionan con regulaciones y encarcelan a editores y periodistas.

    Gobiernos que se han propuesto eliminar a quienes no se muestren de acuerdo con sus acciones, que abusan del poder para someter las libertades de quienes critican porque son peligrosamente intolerantes. Que violan el derecho a buscar, recibir y difundir información, como lo manda la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

    Son tiempos “desoladores” para el libre ejercicio del periodismo, como recién lo declaró la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que denunció el incremento de agresiones, encarcelamiento y exilio forzado contra periodistas en el último semestre, lo mismo que “ataques contra medios de comunicación, acoso judicial, estigmatización y un saldo de 15 asesinatos de periodistas” en este continente. Sobresale el caso de Nicaragua donde se ha apresado a periodistas y editores y confiscado a medios de comunicación, en medio de una ola de brutal represión contra la oposición que, en reiteradas ocasiones, hemos expuesto desde esta columna, reclamando cordura y el cese de las atrocidades contra los nicaragüenses.

    Y no solo se trata de los ataques físicos y de las campañas para deteriorar la imagen de medios y periodistas, sino de los impedimentos institucionales para negar datos que deben ser públicos; la rampante ausencia de transparencia y de los mecanismos que permitan el acceso a la información. Porque, como ha expuesto la SIP, “el panorama para el periodismo en América Latina no ha hecho más que empeorar”. Esperemos que, para el próximo año, nos encontremos con más motivos para celebrar y menos para preocuparnos.