Las apreciaciones son variables, pero lo que es reconocido internacionalmente es que la corrupción mantiene postrados a países centroamericanos y es urgente y necesario fortalecer la lucha contra este cáncer, con evidentes fracasos en el ámbito de los operadores de justicia y con acciones nefastas para debilitar aún más los escasos esfuerzos contra la impunidad. El Poder Judicial queda reflejado también en la lista, pues lo que señala la denuncia “se ignora” y todo va pasando como si no pasara nada.
Para llegar a la meta hay que recorrer un largo, tortuoso y empinado camino con numerosos obstáculos de todos los órdenes. Ya se ha visto en los últimos años, en que el esfuerzo, con resultados muy positivos, fue anulado por “mandato”, que incluyó la invitación a salir del país a aquellos que fueron traídos para realizar la lucha anticorrupción; pero cuando experimentaron la cercanía los “puros”, les señalaron la puerta de salida.
La emergencia en que tratamos de sobrevivir los hondureños va en camino a dos años y, durante este tiempo, con el mayor de los descaros, se van dejando pasar los meses, pese a los casos de corrupción ampliamente documentados y, como dice la sabiduría popular, los pelos en la mano evidencian el color del animal. Pasan los días.
La corrupción en la pandemia y la falta de transparencia en el buen, racional y eficiente uso de los recursos marca un alto costo humano en vidas de personas, en ingresos hospitalarios y en atención primaria, de manera que aquella primera línea es saboteada por la bien pagada y cuidada burocracia.
Es una vergüenza que desde afuera nos señalen no solo por la corrupción, sino por la colusión de corruptos, corruptores y pasividad de la población. Inflexibilidad, meta en la lucha anticorrupción, represión inmediata sin esperar años a cuentas que, al final, se evaporan como se decía antes, forma y fondo. Asunto de forma, se le puso un cero, se marcó una coma y todo correcto. Solvencia lista.