28/05/2024
11:14 PM

Ingratitud

    En este brumoso ambiente muy especial para generar incertidumbre e incrementar la desconfianza y la confrontación, el Gobierno a través de la Cancillería con sus representaciones diplomáticas y consulares evidencia una de las mayores ingratitudes, diríamos histórica, hacia los sostenedores y puntales de la economía nacional y fuente de grandes beneficios sociales para miles y miles de familias que reciben ayuda desde el exterior.

    Ojalá que no fuera así y las fuentes de riqueza nacionales proporcionaran trabajo e ingreso superior a la mera supervivencia, pero como lo que está a la vista no necesita anteojos aumenta el éxodo de connacionales, especialmente jóvenes, en búsqueda de calidad de vida para ellos y para los miembros de su hogar que quedaron en el país. El desempleo y la violencia empujan con fuerza para iniciar la ruta al norte no pocas veces alimentando ilusiones que quedan en el camino.

    Según datos oficiales, las remesas recibidas por los familiares superaron los 8,500 millones de dólares el año pasado, un 30 por ciento del producto interno bruto, colocándose a la cabeza en el ingreso de dólares y superando claramente a exportaciones consideradas base para el sostenimiento de las reservas internacionales. Pero no solo son los “centavos”, dada la escasez y precariedad del empleo en contraste con el vertiginoso aumento del costo de la vida, la inserción de los migrantes en el mundo laboral de Estados Unidos, Canadá, España, Italia, etc. representa un gran alivio para los graves problemas sociales que supone el paro, la escasez de ingresos y la frustración de los jóvenes. ¿Cómo reconocen los gobiernos el sacrificio y los múltiples obstáculos que han de superar los hondureños en el exterior? En estos tiempos en que la nueva tarjeta de identidad es necesaria para los trámites, el proceso ha llegado tarde y escasamente atendido, pues las citas, en algunos de los consulados, se despachan para un año y, claro, cuando atenciones administrativas eran presenciales al acudir a las oficinas se daban cuenta los ciudadanos si había o no afluencia de personas. Ahora recetan un año o seis meses para atender.

    Los migrantes hondureños merecen y tienen pleno derecho a un mejor trato no solo en los países donde trabajan, sino que aquí en su país de manera que cuando llegan de vacaciones tengan oportunidad de tramitar y recibir la nueva tarjeta de identidad o el pasaporte con cierta prioridad no porque sean más hondureños que los demás, sino para evitarles enormes dificultades de grandes desplazamientos y tener vigentes los documentos.

    Miles de millones entran a las arcas, pero la gratitud y recompensa no se hallan en la agenda de políticos y burócratas.