27/02/2026
10:46 AM

Héroes y heroínas

    Un masivo y público reconocimiento, de carácter multitudinario, ha recibido el japonés naturalizado hondureño Shin Fujiyama, quien desafiando fatigas, altas temperaturas y quebrantos en su salud ha recorrido tres mil kilómetros desde México a Honduras con el fin de recaudar fondos para la construcción de escuelas públicas. Previamente había recorrido el trayecto entre El Progreso y Tegucigalpa con el mismo propósito. Hoy por hoy es la persona más popular y admirada en el país, lo que se ha ganado gracias a su proyección social desinteresada. Su voluntad inquebrantable, su disciplina personal, su admirable espíritu solidario y altruista resulta ejemplar para nosotros, hondureños y hondureñas, que no siempre actuamos en función del bien común, de tenderle la mano al prójimo que sufre, por el contrario, dándole la espalda, sumidos en una burbuja existencial de indiferencia que únicamente busca el beneficio personal, egoísta, carente de humanidad.

    Ciertos políticos buscan obtener cuotas de popularidad a expensas de estos héroes y heroínas, sin merecerlo, en actitud claramente oportunista.

    Afortunadamente, sí contamos con compatriotas que se proyectan hacia la sociedad en diversos campos, brindando lo mejor de ellos. Recordemos a Juan López, asesinado por defender el medio ambiente del Parque Nacional Carlos Escaleras y los ríos aledaños, depredados y contaminados por intereses mineros.

    Jeannette Kawas, Berta Cáceres, Margarita Murillo corrieron igual destino por su defensa inclaudicable del ecosistema y los recursos hídricos y forestales. Ellas son apenas tres entre tantas víctimas de poderosos intereses que no respetan el derecho a la vida, contratando sicarios, silenciándolas para siempre. Empero, su ejemplo y entrega han inspirado a otros para continuar tal lucha de beneficio colectivo. Andrés Tamayo, sacerdote salvadoreño nacionalizado hondureño, denunció en su momento la depredación de los bosques olanchanos; en represalia lo despojaron de la nacionalidad catracha. Alfredo Landaverde, Orlan Chávez (el “Fiscal de Oro”) y el general Julián Arístides Gonzales perecieron a manos del narcotráfico por las investigaciones y denuncias que a riesgo de sus vidas emprendieron para llegar al fondo de esta sórdida trama que afecta la salud pública, generando cada vez mayores niveles de violencia. Periodistas y comunicadores sociales también han ofrendado sus existencias por denunciar graves actos de corrupción de todo tipo, perpetrados por delincuentes, lavadores de activos.

    No podemos omitir a los bomberos, policías, soldados, que en el cumplimiento del deber igualmente arriesgan su integridad física, subordinándola a su vocación de servicio; tampoco a nuestros migrantes, héroes y heroínas anónimas que con el envío de remesas mantienen a flote la cada vez más endeble economía nacional, -en peligro de descalabro-, con crecientes altos niveles de pobreza e inequidad, laborando muchas veces en doble jornada: diurna y nocturna. Sepan ustedes, héroes y heroínas, que Honduras y su pueblo les agradecen todos sus aportes, valorando sus cotidianos esfuerzos y sacrificios por causas nobles que trascienden el yo.