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El que quiera oír...

  • Actualizado: 04 febrero 2016 /

    Como eco salvífico y esperanzador, los muros de la basílica conservarán las palabras de la homilía del cardenal Óscar Andrés Rodríguez, quien presidió la eucaristía solemne con motivo de la festividad de Nuestra Señora de Suyapa, en la que participaron miles de peregrinos llegados de todos los lugares del país y autoridades nacionales y locales.

    Inició el arzobispo de Tegucigalpa con el significado de la festividad que se centra en la Virgen María, “regalo a la humanidad”, venerada, no adorada, con numerosas advocaciones a todo lo largo de la geografía nacional. Como fuente de misericordia y puente de acercamiento al Maestro, la Madre exaltada en el Nuevo Testamento sigue, hoy como en su vida terrenal, al pie de la cruz.

    Pero su eminencia no limitó su mensaje a un panegírico a la labor de María durante su vida terrenal y a sus manifestaciones a lo largo de los siglos, sino que en una muestra más de acompañamiento a todos los hondureños en sus penas y alegrías, como lo viene realizando con sabiduría, acierto y fe desde la sede episcopal, proyectó luz sobre los acuciantes problemas nacionales de hoy “para contribuir a su solución”, como señala el papa Francisco.

    La aceptación fue generalizada, aunque no faltaron quienes mirando para el lado adujesen que eso no iba para ellos, sino para los otros. “No se equivoquen”, advirtió el cardenal a los diputados. “Objetar el nombramiento de nuevos magistrados no hace más que detener la justicia y hacer que siga proliferando la impunidad”. “En este momento pueda que tengan o se sientan llenos de poder. Está bien, pero eso dura dos años más, nada más. Y después, si no actúan con conciencia, van a tener el rechazo del pueblo, que no les quepa duda”. Hay que proceder “dejando prejuicios, dejando barreras” para actuar conforme a “su conciencia”.

    Ante la emergencia por la presencia del virus del Zika, el jerarca eclesiástico fue contundente al expresar el compromiso de la comunidad católica: “Hoy, todos los católicos nos sumamos al esfuerzo de combatir esa enfermedad... No podemos ser indiferentes ante esta situación”. Y es que resonaría en la mente del cardenal la canción tan de moda en aquellos años de cambios en la Iglesia y en la sociedad: “No basta rezar...”.

    Con firmeza en la voz y con absoluta convicción de la defensa de la vida, se dirigió a propiciadores del aborto: “Con mucha preocupación, y lo digo con mucha claridad, leí declaraciones de un profesional de la medicina diciendo que ante el riesgo de que nazcan niños con microcefalia habría que pensar en un aborto terapéutico, ¡de ninguna manera!, ya que el aborto terapéutico no existe... es un eufemismo para evitar lo mismo, que es un asesinato”. Como en el pasaje bíblico, el que quiera oír que oiga.