Disponer de la documentación personal vigente y legal es un derecho de todos los hondureños, pero se halla en el limbo. Solo basta preguntar por el documento nacional de identidad con una mora de miles y miles de tarjetas y la licencia de conducir, cuya entrega tiene retraso de medio año y no hay fecha para reanudar las renovaciones, menos con la invención de digital ni en las oficinas lo entienden y en físico no se halla la fórmula para su restablecimiento.
El Registro Nacional de las Personas disimula los atrasos en el país, pero lo más grave es lo que ocurre en los consulados donde hasta hace poco las citas ya se tenían para el próximo año, pero en los últimos días para los hondureños residentes en España, segunda fuente de remesas, ni para el 2024. La simplista comunicación para quienes necesitan enrolarse y obtener el nuevo documento es que, de momento, no hay fecha. ¡Ya avisaremos! Así de sencillo, hace unos días.
La campaña del RNP a través de las redes se ha multiplicado, incluso con la presentación de material para la emisión del documento, pero la realidad para los compatriotas es la inutilidad en los consulados y la decepción al escuchar en la oficina, por teléfono o por el correo electrónico, que habrá que esperar. ¿Cuánto? “Ya avisaremos por la página oficial”.
Y mientras tanto, las remesas mantienen su aumento que en primer semestre de este año supera los cuatro mil millones de dólares, primera fuente de ingresos en recursos del exterior. Ni siquiera hay diligente atención con el inmenso beneficio que proporcionan al país al disminuir la presión social y constituir la más abundante fuente de recursos para respaldar nuestra moneda, absorber gran parte del déficit comercial y mantener cierta estabilidad en la política monetaria.
Aprovechar, sí. Agradecer el sacrifico de millones de hondureños en el exterior, no. Cumplir y hacer cumplir con el derecho de cada uno de ellos no se halla en agenda, pues sibilinamente se “ignora” que el derecho de los ciudadanos implica deber en los funcionarios, mucho más en los servicios consulares al estar lejos del suelo patrio donde su inserción no es fácil y los sacrificios son mayúsculos. Es hora de dejar de hablar y de utilizar las redes para impresionar. Hay que dar soluciones a las necesidades de documentación de los migrantes, más ahora en que para la tecnología no hay fronteras, la documentación se concentra en base de datos y la emisión de las tarjetas se puede hacer en el país y utilizar la vía diplomática para enviar los documentos. Claro que no suceda como en Tránsito donde hace medio año no hay material.