18/05/2024
12:15 AM

¡Basta ya!

    No hay día de Dios, como dicen en el pueblo, que no ocurran accidentes de tránsito con víctimas mortales y casi todos ellos con características propias entre las que destaca la ley del más fuerte, pues son rastras, volquetas y autobuses los que copan la escena trágica por la carencia de prevención, abuso en su conducción y débil represión, sinónimo de impunidad.

    Debiéramos exclamar un ¡basta ya! colectivo, de manera que la labor de operativos sea algo extraordinario con motivo del desplazamiento por feriados, pero el trabajo diario de seguridad no se puede concentrar en determinadas áreas de calles o carreteras, sino que habrá de tener una disponibilidad permanente y ágil. Aunque la circulación sea como una selva, la mayoría tengamos confianza en que se domarán las fieras y se protegerá la vida.

    No somos ingenuos para creer que la solución será de un día para otro, pues son tales y tantas las deficiencias que se requerirán décadas para terminar con esta epidemia enquistada en la estructura vial, en la presencia y resguardo policial, en la educación personal y en el mejoramiento de la salud mental para que los desajustes psíquicos no condicionen la utilización del volante o la velocidad.

    Aquello de año nuevo, vida nueva es expresión cuyo uso ha deteriorado su significado, pues los males del pasado se enraízan cada vez a mayor profundidad por lo que se presentan evasivas para “ir tirando” sin llegar al núcleo porque quienes ordenan y mandan se ciñen a lo políticamente correcto que no es más que las conveniencias del hoy para provecho propio y de sus cercanos y así vamos de tumbo en tumbo.

    Recientemente nos referimos al desastre en viabilidad e hicimos énfasis en la salud mental de los conductores, cuyos problemas mentales inciden en el comportamiento en ruta. Hablar de salud mental no es sinónimo de “loco de atar”, sino del desequilibrio en la conducta que en el caso de la conducción de vehículos se convierte en gran riesgo para peatones, pasajeros, familia y él mismo.

    Las víctimas de esta violencia diaria no son números, cantidades altas, sino vidas truncadas y desgracias familiares que condicionan hogares, marcan la vida de personas inocentes y cargan más el agónico sistema público de salud. Es necesario “para ayer” dar el primer paso para que haya cambio, enfocar la ruta, no desistir y no condicionarla al gobierno de turno cuyos miembros se presentan como solucionadores universales y únicos dejando en la cuneta lo anterior. Una visión global, ley, carreteras, agentes, conductores, viajeros y peatones, puede hacer brillar el horizonte como signo de que la vida es derecho humano fundamental y, por tanto, prioridad sobre cualquier otro interés.