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Agenda laboral

  • Actualizado: 21 septiembre 2023 /

    Sobran en los países consumistas y dados a promulgar pautas en políticas sociales que levanten la voz en contra de las jubilaciones, de los “pagos” a las personas de tercera edad proyectando una gran carga para la sociedad. Entre nosotros todavía no ha cobrado fuerza el fenómeno, pero ya inicia, sobre todo por las secuelas de la incapacidad de los gobiernos y el uso y abuso de los recursos, cuyo destino se embarra con las ambiciones políticas y las exigencias partidistas.

    En las naciones del primer mundo se habla mucho de la paradoja senior. La calidad de vida y la prolongada existencia de las personas contrasta con el rechazo a la contratación de personas mayores, cuyo futuro laboral quedó truncado con el despido a mediana edad, privando a las empresas de una sabia experiencia que, en muchas ocasiones, podría ser el elemento dinámico y salvador en las empresas.

    En nuestro país, donde el grave problema es por la falta de oportunidades de trabajo, la crisis se halla en el otro extremo, en la juventud, en la gran escasez de oportunidades para ingresar en el mundo laboral de manera que lo que debiera ser un estímulo para el estudio y la consecución de un título profesional se ha convertido en obstáculo por la gran decepción al no encontrar empleo.

    La gran paradoja es también en nuestra sociedad con elevados niveles de juventud a la que no se le abre espacio, claro que tampoco a los de mediana edad y mucho menos a quienes van ya en los últimos metros de su ruta laboral, cuya existencia se complica al no recibir salario sostenido o, llegada la edad de jubilación, un ingreso necesario para la subsistencia.

    Los derechohabientes del Instituto Hondureño de Seguridad Social que han cotizado al completo gozan de una jubilación, “pírrica” en ocasiones, o una pensión reducida si tienen fuente de ingreso en institutos profesionales. Algo es algo. Una gran mayoría llega a una edad en que los “achaques” son saludo diario, no accidentes ni improvisaciones, y hasta ellos llega la atención médico-hospitalaria. La jubilación no es una dádiva ni un privilegio, sino el disfrute de recursos ahorrados durante la vida laboral de manera que estas personas mayores no son una carga como dicen algunos para justificar su incapacidad o encauzar los escasos recursos hacia proyectos o programas viciados por las ambiciones políticas.

    En los extremos de la cadena laboral se hallan los más graves problemas que no entran en la agenda de los gobiernos y, por ello, las aspiraciones en la calidad de vida quedaron congeladas por décadas en niveles de subsistencia sin que vislumbremos en el horizonte cambios para el mejoramiento de la existencia individual y familiar.