29/04/2026
03:06 PM

Después del susto...

No hay mal que por bien no venga. Algo nos dejó el huracán Félix. Señaló aciertos y debilidades. Hizo un recuento de quienes sudan de verdad en el puesto asignado y dejó con los calzones a media asta a quienes se la pasan resobando de paracaidistas, haciendo la patarata, esperando el cheque menstrual y que sólo se les medio ve la cara descarada a la hora del vendaval.

    No hay mal que por bien no venga. Algo nos dejó el huracán Félix. Señaló aciertos y debilidades. Hizo un recuento de quienes sudan de verdad en el puesto asignado y dejó con los calzones a media asta a quienes se la pasan resobando de paracaidistas, haciendo la patarata, esperando el cheque menstrual y que sólo se les medio ve la cara descarada a la hora del vendaval.

    Además, enseñó del voluntariado decisivo de la gente que encontró la unidad sumada a otras decisiones para hacer el bien. Nos mostró la buena disposición de los medios de comunicación que, cuando quieren hacer el bien, lo hacen. Gracias a la prevención anunciada por sus ondas, no fue más grande la desgracia en este desgraciado condado de las desdichas.

    También vimos cosas insólitas: la de algunos diputados que no dieron el ancho a la hora del agualotal, sino hasta cuando el señor de los caballos hizo su escala técnica en tierra de catrachos, procedente de extranja.

    Entonces sí que sacaron sus fotogénicas chumpas, camisetas y gorras, para lucir sus monogramas bordados frente a las cámaras televisivas, mientras el meteoro amenazaba destruir la siempre olvidada Mosquitia hondureña, a 213 millas náuticas de la capital.

    Las pantallas televisivas también exhibieron caras de categoría cinco, en la escala de la politiquería criolla, que ya creíamos borradas del mapa. Pero no, allí estaban mamando quedito, haciéndose la chanchita, sin hacer nada, pero, eso sí, pegados como ternero de año a la ubre estatal o municipal, con el grado inmediatamente superior de 'comisionados'; gracias al malhadado ojo del huracán, supimos, otra vez, de su existencia. Salieron, en la tele y en los periódicos, como esa polilla de comején que aparece en su molesto revolotear cada vez que hay lluvia. Dieron, desde sus climatizadas oficinas, las mismas declaraciones de todos lo años con cara de preocupación por los 'pobres' damnificados.

    Aparataron, con teñida pelambre 'miscleirol', un tropel de coroneles y generales retirados que el huracán sacó de los rincones en que se encontraban agualados.

    Apartando a quienes llevan agua al molino de sus votos, la experiencia fue positiva.

    Salvar la vida humana no tiene precio. Las evacuaciones

    preventivas mostraron que, cuando se quiere, se puede. Félix nos cogió un poquito más organizados.