Una canción titulada “Perfect Life” (Vida perfecta) dice así en una de sus partes: “Quédate con tu sueño sin consecuencias. Me dañarías solo para alimentar tus sentidos. Das existencia real a lo que no la tiene. Puedo ver a través de ti”. Seamos honestos: todos deseamos una vida perfecta.

Es decir, una vida sin inconvenientes, sin dolor, sin apuros, o con el grado máximo de bondad o excelencia en todas sus áreas. Pero esto es imposible. La Biblia declara que todos somos prisioneros del pecado (Gálatas 3:22), y el pecado es imperfección.

Muchos creen, por otra parte, que hacerse cristianos les garantizará una vida perfecta.“Si Dios está de mi parte, todo tiene que salir bien”, maquinan.

“La vida cristiana significa ser exitoso todo el tiempo”, es decir, poseer bendiciones materiales, reconocimiento, comodidad y cero problemas.

Pero esto es incorrecto. Más bien, Dios llamó a los cristianos a padecer haciendo lo bueno, tal como Cristo padeció, dándonos ejemplo(1 Pedro 2:20-21).Finalmente, el diablo promete una vida perfecta a aquellos que pongan su confianza en su ideología opuesta a los designios divinos. Pero eso es mentira. Jesús fue claro al desenmascarar sus intenciones: “El diablo siempre ha sido un asesino y un gran mentiroso. Todo lo que dice son sólo mentiras, y hace que las personas mientan” (Juan 8:44 TLA).Con todo, en medio está la esperanza.

En las palabras del apóstol: “Estoy seguro de que los sufrimientos por los que ahora pasamos no son nada, si los comparamos con la gloriosa vida que Dios nos dará junto a él” (Romanos 8:28 TLA).Esa es la buena noticia -escribió alguien en una ocasión- “que Dios puede usar para bien lo que el [ser humano] hace para mal.

Después de todo, Dios convirtió la muerte de Cristo en la cruz en salvación para ti y para mí. Puede que el cristianismo no garantice una vida perfecta y sin problemas, pero una cosa es cierta: Dios promete la victoria perfecta al final” (Apocalipsis 21-22).