Sorprende saber que en algunas ciudades de Estados Unidos como Tampa, Florida, se vende legalmente la carne de venado, cuando en Honduras se encuentra, prácticamente, en extinción esta especie silvestre, debido a la cacería indiscriminada y a su falta de protección.
En países del primer mundo, la carne de venado se expende cruda en supermercados o formando parte del menú de un restaurante, durante las temporadas en que se encuentra suspendida su cacería.
Si en Honduras la caza de este cérvido fuera regulada como en esas latitudes, todavía podríamos disfrutar de los deliciosos platos que se preparan a base de su carne, como el nacarigüe, una comida típica de origen indígena la cual consiste en un caldo espeso de carne y maíz molido, sopa de hueso de venado ahumado en una hornilla, condimentado y sazonado al gusto. Se dice que es propio de Nicaragua, pero en diferentes regiones de Honduras era muy apetecido por aquellos tiempos en que las serranías estaban superpobladas de venados.
Era tal la proliferación de estos animales que existía la creencia popular de que cuando llovía y hacía sol a la vez, era porque en las montañas estaban pariendo las venadas. Pero poco a poco fue creciendo el número de cazadores que subían de día y de noche a las montañas con sus escopetas cargadas y lámparas en la frente, no tanto por apetito, como por practicar puntería hasta en los cervatillos.
Ya no eran los campesinos quienes buscaba llevar una extravagante comida a su mesa, sino catrines de la ciudad que disponían de sofisticados equipos para practicar, a su libre albedrío, el deporte de la cacería.
Los criminales incendios forestales y la tala inmisericorde con fines de lucro, han contribuido también ha destruir el hábitat de estos y otros animales del monte cuya carne, ancestralmente, formaba parte de la dieta, especialmente de los hondureños del campo.
La carne magra de algunos animales que viven en libertad, como el venado, son ricas en hierro, lo cual permite que la sangre transporte oxígeno desde los pulmones hacia otras partes del cuerpo. Además, regula el metabolismo y la generación de energía, entre otros beneficios señalados por los nutricionistas.
Por supuesto que hay leyes en el país para proteger a estas valiosas especies, pero mucha gente no las acata, ni las autoridades hacen que se cumplan. Es pertinente imponer vedas estrictas que permitan la reproducción periódica de los venados pues de continuar su exterminio, solo en imágenes podrán conocerlos nuestros descendientes.
Actualmente, solamente en zonas protegidas como Punta Hisopo o Cuero y Salado en el Litoral Atlántico, esta fauna está libre de la amenaza de los rifles y las escopetas.
Aun así, no fácilmente podremos ver, entre la floresta, un venado Cola Blanca que es símbolo nacional por ser el ejemplar más precioso de su especie. Hasta hace unos pocos años era fácil encontrarlo en su hábitat preferido:los bosques secos y nublados, como también en las sábanas.
Es importante saber que el 28 de junio fue decretado como el Día Nacional del Venado Colá Blanca, para incentivar y recordar a la población el deber que tiene de respetar y cuidar nuestra fauna. Sin embargo, considero que ese recordatorio y ese compromiso deben ser permanentes.