Es por ello que el ser indiferente hace al ser humano inhumano. Cuando existe la indiferencia es que se ha perdido la responsabilidad social, personal y el sentido de pertenencia. Esta desconexión afecta el pensamiento e influye en la conducta, esta pandemia mundial ha reflejado la vulnerabilidad de las relaciones. Un día Jesucristo reprendió la indiferencia de ciudades como Corazín, Betsaida y Capernaúm, adonde había hecho milagros asombrosos, diciendo que si estos milagros se hubieran hecho en ciudades fenicias como Tiro y Sidón, los habitantes de esos lugares hubieran mostrado atención y arrepentimiento.
Es interesante que el mencionó la ciudad donde él vivió, Capernaúm, declarando que “El juicio será más soportable a la tierra de Sodoma que a ti”. Mateo 11:24. Llegó Juan sin comer ni beber y dijeron tiene demonio; llegó el hijo del hombre, que sí come y bebe y dijeron es glotón, amigo de pecadores; parece imposible quedar bien con la gente. “Lo preocupante no es la perversidad de los malvados, sino la indiferencia de los buenos”, Martin Luther King. Si hay indiferencia es porque el orgullo ganó la batalla, donde se atrinchera el “YO”; está el punto entre el aprecio y desprecio. La indiferencia te lleva al menosprecio del sacrificio de Jesús en la cruz.