05/01/2026
12:06 AM

Una fe perdida

Quizá el problema está en que muchos en la Iglesia -no me refiero necesariamente a los que niegan que la epidemia sea un castigo divino- han perdido la fe y ya no creen que la Biblia sea Palabra de Dios, que los Evangelios sean históricos, y que el mensaje de Jesucristo recogido en ellos siga teniendo valor, porque es posible que para ellos Jesucristo haya dejado de ser alguien real y se haya convertido en un ser mítico, tan falso, aunque más simpático que Zeus, Júpiter u Odín.

Es muy significativo, además, que algunos de estos que rechazan airadamente y como si fuera la mayor blasfemia la posibilidad de que Dios castigue, no duden en afirmar que la pandemia es una venganza de la Pachamama, como si ésta fuera una persona real, con capacidad para tomar decisiones. Realmente, como decía Chesterton, cuando uno deja de creer en Dios es capaz de creer en cualquier cosa. Han dejado de creer en el Dios revelado por Cristo y terminan adorando a una vengativa diosa que no existe y que reclama su dosis diaria de sangre inocente. Castigo de Dios, no, pero venganza de la Pachamama, sí. A ese desvarío han llegado.
Volviendo al debate sobre la posibilidad o no de que lo que nos está pasando sea un castigo divino, habría que ver no solo si Dios es juez, que está claro que lo es, sino también si hay o no motivos para el castigo. Por ejemplo, los datos del día 14 de abril decían que ese día se llegó en el mundo a 125,000 víctimas del coronavirus desde que estalló la pandemia; pero tan solo en ese día, se llevaron a cabo 125,000 abortos. Inocentes las víctimas de la epidemia, pero también inocentes los niños asesinados en el vientre de sus madres. Y esa cifra pavorosa se alcanzó en un solo día, porque en muchos sitios las clínicas de la muerte no han dejado de trabajar ni han puesto sus camas al servicio de la causa común de luchar contra la epidemia, y nadie ha protestado por eso. ¿Hay o no motivos para el castigo divino? Prefiero pensar que Dios está mandando una advertencia, que está permitiendo algo malo para sacar un bien mayor -es Santo Tomás quien lo dice.