Transacciones desiguales y la cancelación del TPS

La cercanía entre Donald Trump y Nasry Asfura ha sido presentada como una alianza estratégica, pero evidencia una relación desigual que mantiene a Honduras en fuerte dependencia de Estados Unidos.

  • Actualizado: 12 de febrero de 2026 a las 20:40 -

Aquí está tu texto organizado en párrafos, sin modificar absolutamente nada del contenido:

Uno de los temas mayormente abordados desde la última fase electoral en 2025 ha sido la legitimación externa por aclamación por parte del presidente de Estados Unidos hacia el mandatario Asfura. Dicha validación de apoyo ha generado grandes expectativas al país en términos económicos, comerciales y migratorios. Innegablemente para Honduras el fortalecimiento de esta relación es estratégica, tomando en consideración el grado de dependencia estructural y multidimensional que se posee en materia comercial y migratoria, principalmente.

Datos del Banco Central de Honduras (BCH) indican que el 47.1% de las exportaciones se demandan desde EE UU, asimismo, de ese país se importa el 32.4% de productos claves como combustibles, alimentos, insumos industriales, entre otros. En cuanto al tema de las remesas, la nación estadounidense alberga un 88% de migrantes hondureños que envían dólares y que contribuyen en al menos en un 25% del Producto Interno Bruto (PIB).

Una vez proclamado formalmente el presidente Asfura, las muestras de cordialidad diplomática entre ambos mandatarios no se hicieron esperar, al punto de realizar una reunión no convencional, puesto que el gobernante hondureño fue invitado a sostener ese encuentro en Mar-a-Lago, complejo turístico propiedad del presidente Trump.

Esta reunión fuera de la Casa Blanca indica que la relación no es propiamente Estado-Estado, sino una articulación de lealtad política y personal. Antes de su partida, el mandatario hondureño socializó los principales puntos de agenda que abordarían, tales como política comercial y los aranceles, generación de condiciones para la atraer la Inversión Extrajera Directa (IED) y de manera escueta mencionó el tema migratorio.

Más allá de esta agenda y el encuentro, se perciben mensajes tácitos de carácter geopolítico, los mismos voceros del nuevo gabinete han anunciado que esta gestión busca consolidarse como el socio más fuerte del triángulo norte, apostando a convertirse en una economía más competitiva con relación a los países vecinos centroamericanos.

Incluso, se celebra el acercamiento nuevamente al Tesoro de EE UU, pues se argumenta que la administración anterior generó un distanciamiento. Cabe mencionar que esta aproximación no es exclusivamente por afinidad ideológica, sino por alinear aliados para contener la expansión de China, y en este caso el gobierno anterior dio un giro diplomático en el año 2023 y entabló relaciones diplomáticas y comerciales con esta nación asiática.

En este contexto, hay que recalcar que nuestro país es pieza clave en términos de rutas comerciales, logísticas e, incluso, migratorias y eso es importante para EE UU. Bajo la narrativa de que Honduras es un “aliado estratégico” se disimula la realidad de relaciones de intercambio desiguales, pues el país se ofrece como proveedor de mano de obra barata, materias primas, garante de un Estado de derecho que respetará convenios y otros tratados, evidenciando que la estabilidad macroeconómica es altamente dependiente de las fluctuaciones de la demanda estadounidense.

Una vez ejecutada la reunión, el presidente hondureño con un tono optimista expresó haber realizado la solicitud de revisión de aranceles del 10% y 25% que actualmente pagan algunos productos, asimismo, mencionó que promovió al país como un lugar seguro para la inversión, buscando la atracción de empresas estadounidenses.

Señaló el tema del ferrocarril interoceánico como proyecto estratégico para la región. Sin embargo, fue cauteloso cuando se le consultó sobre el tema migratorio y en ese momento planteó la necesidad de dar estabilidad a los hondureños amparados por el TPS.

Sin embargo, este optimismo y la retórica de la “alianza” y “amistad” no fueron suficiente para evitar o dilatar la cancelación del TPS para más de 50,000 hondureños, lo que representa máxima expresión de la verdadera naturaleza de la asimetría del vínculo entre ambas naciones.

La cordialidad entre mandatarios no se tradujo necesariamente en una concesión para el Estado hondureño, pues claramente el presidente Trump ha mantenido una postura definida sobre el tema de la migración y el caso del TPS se complicó a raíz de dicha gestión.

Redadas cazamigrantes, deportaciones en ascenso, ahora la cancelación del TPS evidencian que el tema migratorio no será negociable a favor de países expulsores de mano de obra.

Es aquí justamente donde esas relaciones desiguales antes mencionadas cobran mayor fuerza para nuestro país, pues mientras tanto el presidente Asfura ofrece lealtad absoluta y se alinea geopolíticamente, la agenda de seguridad de Washington es reducir en la medida de lo posible la migración irregular, principalmente.

Por lo tanto, estamos ante dos perspectivas totalmente diferentes, pues para Honduras el tema migratorio es de supervivencia nacional y para EE UU es una herramienta de política interna en materia de seguridad.

Por lo que se puede argüir que, mientras tanto el país sea altamente dependiente de EE UU, deberá mantener esa relación de cordialidad diplomática, aunque las relaciones sean desiguales.

Asimismo, es de comprender que la cancelación del TPS en pleno auge de esta alianza estratégica manifiesta que el respaldo político no garantiza reciprocidad humana ni social.

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