¡Qué rápido pasa el tiempo! Ya ha llegado la Cuaresma. Pero, ¿qué es la Cuaresma?

Cuaresma significa “cuarenta” y se aplica a los 40 días de intensa preparación para la Pascua de Resurrección. Jesús ayunó durante 40 días. Moisés estuvo 40 días en el Monte Sinaí. Elías caminó 40 días hacia el Monte Horeb y la peregrinación de los judíos por el desierto duró 40 años. Es, pues, la Cuaresma un período de oración, penitencia y expectación de algo grande que va a suceder pronto.

En la misa del Miércoles de Ceniza se nos dice: “Conviértete y cree en el Evangelio” porque la Cuaresma es un tiempo de conversión. O bien “Recuerda que eres polvo y que al polvo volverás”, para que tomemos conciencia de nuestra mortalidad y nuestra total dependencia de Dios.

El propósito de la Cuaresma es entonces instarnos a convertirnos a enmendar la vida, a corregir el rumbo que llevamos. Como lo dice San Pablo, es hacer lo necesario para “despojarnos del hombre viejo” (el que vive solo para sí mismo y es indiferente a Cristo) y “revestirnos del hombre nuevo” (o sea, el que ama a Jesucristo y desea seguir sus pasos).

Para algunos, la Cuaresma es desagradable o intimidatoria, porque hay que mirarse en el espejo y ver la vida de pecado que uno lleva y eso no es agradable, afirma Luis Quezada. Pero el Señor nos invita a acudir a su lado, porque él nos espera con amor, dispuesto a perdonarnos y darnos una vida nueva.

Aprovechemos esta fabulosa oportunidad que el Señor nos concede de volver a comenzar nuestra vida y esta vez lo podemos hacer tomando el camino correcto: ¡el que lleva a la salvación!

Confiamos en que en esta época bendecida hagan una buena confesión en preparación para la gloriosa celebración de la Pascua de Resurrección.

La violencia de los tiempos actuales exige una buena conversión. La muerte del P. Quique lo exige a gritos.