El Dr. Carlos Godoy Arteaga, eminente pediatra y destacado salubrista, fue el alma y motor del Programa de Extensión de la Cobertura para lograr la meta de Salud para todos en el año 2000, impulsada por la OMS, adoptado por el Dr. Enrique Aguilar Cerrato durante su gestión como ministro de Salud en el régimen reformista del general Oswaldo López Arellano (1972-1975).
Al caer el general López Arellano, su sustituto mantuvo en el cargo al Dr. Aguilar Paz hasta 1978, en que fue sustituido por Luis Alejandro Cousin (1978-80), reemplazado luego por el Dr. Juan Andonie Fernández (1980-82).
Vinieron luego los ministros en el gobierno de Roberto Suazo Córdoba: Gonzalo Rodríguez Soto (1982-83) y Rubén García Martínez (1983-85). Todos estos sucesores no tenían conocimientos de salud pública y voltearon el sistema al tradicional sistema hospitalario, que echó por tierra los avances del Dr. Carlos Godoy Arteaga y del Dr. Enrique Aguilar Cerrato.
Ese sistema anómalo se ha perpetuado hasta nuestros días, con un franco deterioro en la atención en salud a las capas más desposeídas del país, redundando en un rotundo fracaso de los esfuerzos en salud que siguieron al experimento triunfante que impulsaron Aguilar Paz y Godoy Arteaga.
Es justo reconocer aquí los aportes y el entusiasmo con que se sumaron a esta experiencia triunfadora y que brindaron tesón en su trabajo normativo y en el campo: Ernesto Antonio Pinto G., Alberto Guzmán Banegas, Danilo Velásquez Cruz, Emilia Bustillo, Hilton Tróchez, Merlin Fernández, Ernesto Antonio Pinto, Benjamín Rivera, Óscar Molina, Jacobo Santos y el Dr. Luis Felipe Becker, este último como docente en la Facultad de Ciencias Médicas de la Unah.
No olvidamos el equipo de enfermería que trabajó con inusual entusiasmo. La lista no se agota, por supuesto.
Los resultados fueron espectaculares y gran parte de esos éxitos los he señalado en mi artículo anterior. Desgraciadamente durante el régimen de Roberto Suazo Córdoba y la gestión en salud de los ministros Rodríguez Soto y García Martínez, el experimento de atención primaria se terminó de desmantelar completamente.
Tenemos ahora un sistema totalmente fracasado que ha olvidado casi por completo la atención primaria fundamentalmente en los pueblos y aldeas de Honduras y se ha puesto en primer plano la atención hospitalaria, situación que ha conducido a que, como decía mi maestro Francisco Cleaves, los grandes hospitales de Tegucigalpa y San Pedro Sula son realmente enormes centros de salud y no centros dedicados exclusivamente al tratamiento de los casos más complejos de la patología de los hondureños.
Por esa razón permanecen totalmente colapsados.
El Dr. Carlos Godoy Arteaga hizo otro planteamiento para superar los inconvenientes del actual sistema de salud de Honduras, que ha venido de fracaso en fracaso.
Planteaba el Dr. Godoy Arteaga la necesidad de unificar los dos grandes sistemas de salud pública del país en uno solo: fusionar el sistema gobernado por el Ministerio de Salud con el sistema del Instituto Hondureño de Seguridad Social.
De esta suerte, el Dr. Godoy Arteaga planteaba un Seguro Social Universal que estaría gobernado por un comité técnico y científico, sin injerencias políticas vernáculas, y no por los representantes políticos, empresariales y obreros, que no conocen absolutamente el asunto.
Las ventajas de este planteamiento están en que se ahorraría dinero al unificar la dirección del sistema, y en ese sistema estaríamos incluidos todos los hondureños, residentes extranjeros y visitantes (con sus respectivas aportaciones).
Además, el sistema funcionaría mediante una estructura piramidal en donde la base serían los centros de salud rural y municipales y el vértice los grandes hospitales nacionales y los especializados.
¿Por qué un campesino de Ocotepeque tiene que venir a Tegucigalpa para ser tratado de una gripe o de una apendicitis?
Como he dicho, al priorizar con más esmero la amplia base del sistema, en donde se resolverán los problemas primarios de salud, estos deben estar atendidos por un médico general auxiliado por una enfermera profesional y una enfermera obstétrica (inicialmente puede ser una enfermera auxiliar partera, formada adecuadamente para la atención primaria de la salud materno-infantil, para progresivamente sumar una enfermera profesional obstétrica para sustituir a las parteras empíricas).
Este sistema requerirá de la preparación de personal especializado en otras áreas que no sean las de la medicina: formación de enfermeras obstétricas, pediátricas, en salud mental, geriátricas, quirúrgicas, en saneamiento ambiental y salud pública y fortalecer la formación de todo el personal necesario, con todas las profesiones, para que el sistema funcione adecuadamente.
Se deben dar becas en el extranjero a graduados para posgrados que no hay en Honduras y formar el personal docente necesario para la organización de las nuevas especialidades y la actualización de nuestros profesionales de la salud.