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Saber “perder el tiempo”

  • 31 enero 2023 /

Siempre he dicho, y escrito, que es un verdadero crimen eso de “matar el tiempo”; que, más bien, hay que procurar sacarle el jugo, morir con las botas puestas y mantenerse ocupado. Pero también he insistido en que hay que saber dedicar tiempo a las cosas importantes. Y el trabajo es importante, por supuesto; hay que ganarse el pan honradamente, y eso implica poner todas las potencias en la actividad laboral, meter la cabeza y el corazón en todo lo que llevemos entre manos, cuidar lo que hacemos hasta en sus últimos detalles, convertir nuestra labor en algo realmente trascendente. Igual debemos proceder con nuestras obligaciones ciudadanas, con todo aquello que forma parte de la vida ordinaria de cualquier mortal.

Sin embargo, justamente porque el tiempo es un bien siempre escaso; porque se nos escurre como el agua cuando la queremos aprisionar con las puras manos; porque los día y las estaciones se suceden inexorablemente, es que debemos caer en cuenta que estamos obligados a saber “perder el tiempo”. Y lo pongo entre comillas porque cuando nos dedicamos a lo que ahora enumeraré, nunca es perderlo sino, todo lo contrario, aprovecharlo de la mejor manera, exprimirlo con mayor sabiduría.

Hablo del tiempo dedicado, por ejemplo, a la familia. Resulta que el mejor negocio que tenemos entre manos; la relación conyugal y la crianza de los hijos, es el que suele sufrir con mayor frecuencia nuestras prisas y atropellamientos. A veces salimos muy temprano y regresamos muy tarde. Y, al final de día, asoleados, cansados, preocupados, no tenemos el mejor talante; ni la mejor cara ni el mejor humor. Para las cosas importantes siempre se puede hacer tiempo, defenderlo celosamente. De modo que, responsablemente, cumplamos con aquella, o aquel, al que hemos jurado fidelidad ante un altar, y con aquellos a los que hemos traído al mundo sin que nos lo hayan pedido.

Están también, por supuesto, los amigos. Esas almas gemelas cuyo cariño debemos cultivar cuidadosamente y a tiempo. Nunca será tiempo perdido un buen rato de tertulia, un buen vino compartido, unas confidencias bien recibidas, unas miradas que denotan complicidad, unas carcajadas que resultan medicinales.

Vivimos demasiado a la carrera. Ahora que se habla de “slow food”, para hacer contraste con la comida rápida, es tiempo de frenar, de serenarnos, de disfrutar los pequeños placeres que la vida nos presenta y que tantas veces, por la misma prisa, ni siquiera percibimos. Una película en familia, una conversación relajada, una caminata mientras se platica de lo humano y de lo divino, nos hacen darnos cuenta que nuestra existencia tiene sentido.