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Antes de perderlo, ¿qué le robaste al niño?

  • Actualizado: 31 octubre 2020 /

Arturo Nolasco

Las proyecciones para finales de este año estiman que la Covid-19 llevará al menos 115 millones de personas más a la pobreza, aumentando a 729 millones la cifra mundial de gente sin alternativas en esta vida.

En Honduras se calcula que el 65% de sus nueve millones de habitantes están en condición de supervivencia. El 70% de los niños y adolescentes, que constituyen el 40.6% de la población, viven en condiciones deplorables, esto de acuerdo con los datos revelados por un informe denominado “Mapeo del Sistema de Protección de la Niñez en Honduras” y publicado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Unicef.

Desde mi perspectiva, los hondureños estaríamos entrando en una etapa mucho más dura y peligrosa que la propia pandemia provocada por la Covid-19, pues de esta ya se sabe cómo resguardarse, en cambio, de la desesperación e incertidumbre por evitar a toda costa no ser miembro del club de la pobreza, hará que miles tomen decisiones equivocadas.

Ese permanente combate de ahora en adelante por no ser un pobre mas, estaría dejando muchos flancos abiertos, entre ellos, el más vulnerable y peligroso: la niñez y adolescencia, pero aun sabiéndolo y al no tener alternativas, los padres siempre saldrán en busca del sustento económico para sobrevivir o en su defecto, habrá quien lo haga para mantener el statu quo, lo que naturalmente conllevará a un acentuado abandono del hogar.

Ese descuido en casa, por necesidad, asusta aún más cuando en las últimas semanas ha quedado expuesto el aparente modus operandi de grupos criminales dedicados a la trata de personas y aunque por ahora solo sea una hipótesis con supuesta relación de hechos, estos extrañamente coinciden con la alarmante desaparición de menores de edad en varios departamentos del país; además, el suceso se alinea con las caravanas de migrantes hacia los Estados Unidos en medio de la pandemia.

Este flagelo no ha pasado desapercibo para las autoridades y es por eso que ya está en marcha un plan de acción conjunto entre Honduras y Guatemala para prevenir la migración irregular, éste con el apoyo del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos para cerrar filas a la trata de personas y el aparente tráfico de menores.

Pero, ¿es realmente un coyote el responsable?, ¿será que antes del coyote, en casa el niño vivió entre infectados por el síndrome de la pobreza?, ¿es el maltrato intrafamiliar el detonante de la desaparición?, ¿es la ruta del migrante la salvación o el escape de la violencia en casa? Definitivamente interrogantes que hacen reflexionar.

Días antes pude ver el desgarrador relato de una joven madre denunciando a su hombre de haber matado a golpes a su hijo de dos años… un duro testimonio, pues entre las revelaciones, al indefenso niño supuestamente le hincaban por horas cargando piedras sobre su cabeza y le golpeaban con un tubo hasta que le provocaron la muerte.

Cuando me refiero a que estamos a las puertas de una crisis sin precedentes y que se desprendería del incontrolable crecimiento de la pobreza, también es justo y destacable reseñar que la pandemia está dando una segunda oportunidad de reflexión, pues este dramático momento mundial llevó a un confinamiento que abre la franca posibilidad de una sana convivencia, es la invitación a meditar y valorar más a cada uno de los miembros de la familia.

El hecho de contar con más tiempo en el día a día y durante meses (gracias al teletrabajo) con los niños y adolescentes de la casa debió llevar a la evaluación de cada una de las acciones de la familia hondureña para determinar si realmente no se ha abandonado al infante para luego no arrepentirse por perderlo.