21/07/2024
06:29 AM

¿Quién es la Abigail en su camino?

Salomón Melgares Jr.

Cuando Abigail vio a David, se bajó del burro y se inclinó cara al suelo, y echándose a sus pies le dijo: “Señor mío, por favor, ¡escuche usted mis palabras, aunque no soy más que una simple sirvienta suya! ¡No le dé usted importancia a las groserías de Nabal! ¡Su nombre significa ‘estúpido’, y en verdad lo es! ¡Yo tengo la culpa de todo! Y la tengo, señor mío, porque no vi a los mensajeros que usted envió... Por favor, acepte la comida que he traído para usted y para sus hombres, y perdone mis errores. Usted sólo lucha cuando Dios se lo manda; estoy segura de que Dios hará que todos los descendientes de usted reinen... Por eso, ni ahora ni nunca haga usted lo malo” (1 Samuel 25:23-28, TLA).

Como bien lo comenta un autor, cuando David vio a Abigail arrodillada en el camino, podría haberle dicho que se apartara. Después de todo, él era poderoso. Había sido ungido para ser rey y tenía todo un batallón detrás de él. Nada lo obligaba a detenerse y escuchar las palabras de aquella mujer. Pero así lo hizo. “Puedes irte tranquila, que yo haré lo que me has pedido” (v. 35). ¿Alguna vez ha estado a punto de cometer un error y alguien le dio una recomendación o un consejo pertinente, querido lector? Las palabras de la mujer fueron precisas y a tiempo, y David decidió atenderlas con humildad. ¿Es esa su actitud cuando alguien intenta hacerle ver lo que es bueno, correcto o beneficioso para usted?

Cada situación que afrontamos (especialmente lo que es importante) demandará una decisión y, a veces, no podremos descubrir por nosotros mismos cuál de todas ellas es la mejor. ¿Quién es la Abigail en su camino? Que podamos, pues, ser sensibles a la voz de los que nos aconsejan, pero, sobre todo, a la voz de Dios, quien quiere y sabe verdaderamente lo que es mejor para nosotros (Jeremías 29:11).