En todas partes se cuecen habas, dice un viejo refrán para hacer referencia a que los problemas de un lugar pueden suceder de la misma forma en otra latitud distante y diferente.
Así pues, en Francia, un país refinado y culto algunos de sus habitantes han decidido depositar sus heces fecales en el río Sena en protesta porque el presidente Emmanuel Macron ha gastado millones de euros en acondicionar París para los próximos juegos olímpicos.
Es algo similar a lo que sucede en Honduras, en cuanto al daño al medio ambiente se refiere, con la quema de llantas en calles y carreteras, por cualquier incumplimiento o abuso de las autoridades de turno.
El río Sena ha sido uno de los grandes atractivos turísticos de Francia desde hace mucho tiempo. Mientras el visitante navega por él, puede relajarse contemplando la historia de París y admirar sus numerosos monumentos, como el Museo del Louvre, el Museo de Orsay, la Catedral de Notre Dame y los numerosos puentes con su arquitectura singular. Sin embargo, si las amenazas de los protestantes contra Macron se cumplen, a partir del próximo 23 de junio, sus aguas serán unas de las más contaminadas e intransitables debido a la presencia de miles de defecadas humanas. Los retretes ya están instalados en una orilla del precioso caudal, según un montaje fotográfico difundido por las redes sociales para incitar a la insólita protesta.
Aunque todas las personas tienen derecho a protestar cuando se sienten afectadas por las arbitrariedades cometidas por alguna autoridad, lo planeado por los franceses en cuestión no es un buen ejemplo para la humanidad sobre todo proviniendo de un país afamado por su refinamiento y buen gusto.
Tampoco puede serlo la quema callejera de llantas en nuestro país por la incomodidad que causa a la ciudadanía en general y los daños que provoca al medio ambiente. Su humo negro libera dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera, dicen los ambientalistas. Es decir que afecta la elevación de la temperatura de la atmósfera próxima a la corteza terrestre. Aunque no es tóxico, atrapa el calor cerca de la superficie de la tierra y evita que se escape al espacio. Los neumáticos quemados también emiten partículas, lo que contribuye a la contaminación del aire.
Así como los franceses no merecen que contaminen las aguas de su legendario río por lo que haga o deje de hacer el presidente Macron, los hondureños no merecemos que nos sigan contaminando el medio ambiente por cualquier calentura de inconformes ciudadanos habiendo tantas formas inocuas de protestar.