Se nota rápidamente que hay un error de alteración morfológica en el uso de los pronombres enclíticos; men, sen, len, como variantes pronominales no tiene existencia en la gramática española. Para evitar este inconveniente lo correcto es pensar la frase en forma proclítica, como se ve en los tres ejemplos de entrada en este comentario.
Y se complica un poco más la situación cuando la enclisis involucra a dos variantes, ejemplo: “Por favor, den permiso a los trabajadores”, que si lo sustituimos por variantes pronominales tendremos: “Por favor, dénselos”, donde “se” representa al sustantivo permiso (a él con la variante se).
Sin embargo, la mayoría de los hablantes –casi instintivamente- dicen “por favor, désenlos”, y sen no es ningún pronombre en nuestra lengua. Siempre ha habido problemas con las variantes de pronombres. Por ejemplo, muchas personas hacen mal uso de “mí” cuando expresan oraciones como “usted es igual a mí”, pues lo aceptado es “usted es igual que yo”. Similar situación se da cuando se usan las variantes “le y les”; “le” es variante pronominal de “él y ella” y “les” pertenece a “ellos y ellas”. Sin embargo, es muy común escuchar, principalmente en el habla eclesial, frases como “Que Dios le bendiga”, dirigidas a la segunda persona del singular (usted), y lo correcto, en este caso, es “que Dios lo bendiga” o “que Dios la bendiga”, según sea él o ella.
En el español peninsular se acostumbra a usar le y les como sustitutos del objeto directo (persona, animal o cosa sobre quien recae directamente la acción del verbo), pero aplicados a personas, aunque la Real Academia Española ha terminado por admitirlos solo referidos al masculino. Sin embargo, en América se establecen diferencias muy claras: si el objeto directo es femenino – singular o plural- se emplea la o las; si es masculino, lo o los: “Abel ama a María”, “Abel la ama”, “Norma abrazó a Danilo”, “Norma lo abrazó”, “Dios ama a los pobres”, “Dios los ama”, y no “Abel le ama”, “Norma le abrazó”, “Dios les ama”.