'El mejor profeta del futuro es el pasado; añorar el pasado es correr tras el viento”, enseña la tradición popular que de la vivencia diaria obtiene la sabiduría que orienta por generaciones, hoy más a la mano por la comunicación inmensa y sin barreras que proporciona la tecnología. Miramos hacia el futuro, pero escuchando y viendo lo sucedido no sea que haya quien nos recuerde que un tonto tropieza siempre dos veces en la misma piedra. ¡Qué optimista! Los tropiezos y las caídas son incontables.
Por eso, al final de año echamos mano de la mirada retrospectiva, no muy distante y alejándonos un poco del pesimismo con aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor; pero hemos de reconocer que hay un elevado déficit de optimismo, mayor incluso que el económico y comercial, pues la grave situación social tarda en hallar el camino en el que al final del túnel se vaya apreciando algún hilo de claridad.
Las manotadas en la economía son señales claras de lo que nos espera, agravado por las pugnas en el mercado internacional y la guerra de aranceles. El lastre interno más pesado lo tenemos en la crisis del sector energético, en una compleja encrucijada, tal que se anuncia su intervención, pues el plan de reformas y rescate, incluida la renegociación de contratos, la reducción significativa de pérdidas y la eficiencia en el servicio quedaron para más adelante.
En el área política habrá que mantener la mirada en el Congreso, pues hay algunas de cal y muchas de arena, en especial en todo lo que se refiere a la transparencia y al manejo honesto de los recursos del Estado. La inmediata decisión sobre la misión de ayuda de la OEA será profecía para los meses que vienen. Claro que en situación de intereses encontrados se evalúa la ética de los individuos y las previsiones apuntan hacia la reprobación masiva.
La convivencia sigue sin abrir totalmente las puertas a la diversidad, al pluralismo, que es riqueza de la sociedad al confluir todos en el respeto a los derechos y ayudar al cumplimiento de los deberes. En nuestra cultura pasan estos a bodega, mientras que los únicos actores en escena son aquellos. El cambio no llegará por decreto ni milagrosamente mañana, sino que la educación, a lo largo de los años, es profecía de las próximas generaciones.
Terminamos un nuevo ciclo anual con esperanza, expectativas en los primeros días del 2020, pero el profeta (el pasado) sigue anunciando un más que difícil futuro inmediato para que escuchemos y no sigamos tropezando en la misma piedra.