No es por deformación profesional, ni porque, durante bastante tiempo, me gané la vida como profesor de Lengua y Literatura, sino porque al paso de los años, la alternancia con hombres y mujeres de diferentes procedencias profesionales, me han mostrado con claridad que la lectura no es solo una afición sana ni una manera de “perder” provechosamente el tiempo, sino una necesidad humana, una forma de darle sentido a la existencia, de expandir horizontes, de adquirir una cultura general básica, de abrir los ojos a otras realidades; y, por supuesto, la mejor manera para llegar a tener comprensión lectora, para no pasar la mirada sobre letras, palabras y frases sin entender a cabalidad lo que se lee, para enriquecer el vocabulario, para no pasar vergüenza ni hacer sentir pena ajena a otros, para no pecar por ignorantes.

Un buen profesional, no importa del área que sea; un individuo que pretenda llegar a tener cierto prestigio en el ámbito académico, por ejemplo, no puede conformarse con manejar un lenguaje técnico básico en su área del conocimiento. Tampoco puede ignorar asuntos elementales de historia universal, de economía, de política global, de antropología, de cultura general fundamental, repito.

Da pena oír a una persona que tiene más de un diploma colgado en una pared de su casa o su despacho, o archivado en alguna parte, decir: “hubieron” en lugar de hubo, “aperturar” en lugar de abrir, “accesar” en lugar de acceder, “ofertar” en lugar de ofrecer (a menos que esté ofreciendo alguna rebaja), “en base a” en lugar de con base en; y un no tan corto etcétera, que no hace más que manifestar como, a pesar de años de estudio, no se han vuelto a desempolvar los libros, ni se han adquirido nuevos, o se ha abandonado, o nunca se adquirió, el hábito de la lectura.

Puede afirmarse, y con razón, que los libros no están al alcance de todos lo bolsillos; que una población a la que apenas le ajusta para comer no puede destinar dinero a la compra de literatura, y también es cierto. Pero sí hay bibliotecas básicas en escuelas y colegios, además, de otras públicas en varios municipios del país. Además, muchísimos tenemos un teléfono celular u otro tipo de pantallas en las que ahora se pueden descargar, de manera gratuita, más libros de los que podríamos leer en nuestra entera existencia. Todo es querer y reconocer lo importante que es. Lo que hay que hacer es tener conciencia del hecho y proceder en consecuencia. ¿Les parece?