16/01/2026
12:35 AM

Perú, Honduras: similitudes y diferencias

Juan Ramón Martínez

Resulta imposible vencer la tendencia por hacer comparaciones. En este caso, entre lo ocurrido en Perú el miércoles pasado y los hechos del 28 de junio de 2009. Y, por supuesto, las raíces de los problemas y los efectos que tiene la inestabilidad política, producida por la fragmentación partidaria y el distanciamiento entre la actitud de los políticos y la realidad. La conclusión es que hay mucha similitud entre Pedro Castillo y Manuel Zelaya; y más exacto, entre el expresidente peruano y Xiomara Castro. Ambos tienen en común la incompetencia, la falta de habilidad y la ausencia de contactos para forjar acuerdos y alianzas que den fortaleza al ejercicio del poder.

Pero hay evidentes diferencias que hay que resaltar. El grado de inestabilidad política de Perú es mayor que el nuestro. Allá está destruido el bipartidismo; y en vez de dos grandes partidos, hay una atomización suicida que no se observa en Honduras. Aquí, el bipartidismo es fuerte. Lo que ha ocurrido es la sustitución del PL, superado por Libre, que no sobrevivirá como institución partidaria, una vez que desaparezca del escenario su fundador. Mientras aquí, Xiomara Castro llegó con más del 50% de los votos en las últimas elecciones; allá, Pedro Castillo no logró un respaldo mayor del 13% y en la segunda vuelta, su mayoría fue mínima. Casi agónica. Pero hay dos diferencias favorables a ellos, que no se notan en Honduras. Y es que, en primer lugar, aunque los dos gobernantes muestran indiscutibles falencias, inhabilidades e incompetencias manifiestas, los efectos sobre el entramado social y económico son diferentes.

Perú ha seguido creciendo con una economía indemne a la inestabilidad política. En Honduras, en cambio, la incompetencia gubernamental y el escaso manejo del presupuesto afectan a la economía y compromete el bienestar de la ciudadanía.

Y la segunda es que el Congreso, aunque muy dividido, tiene mayor competencia, espíritu de sobrevivencia que aquí. Allá, el Congreso ha reaccionado en cinco oportunidades; e incluso, en estos 18 meses de Pedro Castillo, el alto cuerpo legislativo ha intentado sustituir al gobernante, mediante el expediente de la sucesión presidencial. Y en los últimos seis años, ha depuesto, dentro de la ley, a cuatro presidentes, una vez que los ha declarado incompetentes para el ejercicio del cargo. En Honduras, el Congreso, solo ha actuado una vez frente a la acción de interrupción del orden constitucional desde el Ejecutivo, depuso a Manuel Zelaya y nombró a Roberto Micheletti para que terminara el periodo correspondiente. Legítimo, como lo confirma la legislación y cómo parece que lo hace, el relevo de Pedro Castillo que intentó, en forma infantil, dar un golpe de Estado, mediante la clausura del Congreso. La reacción de Zelaya, en defensa de Castillo, tiene mucho de personal. Y de ratificación histórica de un relato diferente al que pretende construir Libre entre nosotros.

Con todo, lo importante es, en el caso de Honduras, el valor que tiene para los políticos lo ocurrido en el Perú. Para muchos opositores es una clara indicación de cómo se debe proceder en Honduras. Creen que hay una lección por aprovechar. Nosotros no compartimos este juicio. Más bien aceptamos que lo que tiene de utilidad es que podemos ver en lo ocurrido en Lima, algo que podría ocurrir aquí, como reedición de junio de 2009 si no se corrige el problema que afecta a las dos democracias. La de allá y la de aquí. Y es el distanciamiento de los políticos de las realidades. Y el incumplimiento de sus responsabilidades para satisfacer las esperanzas del electorado. Es aquí en donde está la verdadera lección por aprovechar.

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