05/05/2026
10:37 AM

Permisivos

Y hoy nos preguntamos ¿qué hacer para arreglar este mundo?. Hay que mejorar la educación y elevar el nivel de las personas.

Francisco Gómez Villela

Día a día nos toca convivir con la escritura de las demás personas dada la facilidad que brindan los aparatos móviles de hoy que permiten estar conectados no solo por voz, sino por textos. Y allí tenemos una buena muestra de nuestra cultura. La gente escribe las palabras tal cual se oyen. Es increíble que no se percatan de los horrores que escriben. No sabemos si reír o llorar. Las reglas de ortografía son parte del olvido.

Tuve la fortuna de hacer mis estudios primarios y secundarios en una institución privada en el periodo 1966-1975. En aquellos tiempos la educación era distinta. Los maestros eran autoridad que se habían ganado a pulso el respeto. No andaban en huelgas. Nunca se cuestionaba su juicio y mucho menos sus calificaciones. Los estudiantes obedecían. Estudiaban o se aplazaban. No habían componendas o trabajos para compensar una mala nota.

Los padres de familia no se metían en las decisiones de los maestros o de los centros de enseñanza. No tenían ningún poder en las escuelas. No cuestionaban. Los centros de enseñanza eran eso. No eran centros sociales para favorecer la frivolidad de los estudiantes. Los días festivos que se celebraban eran pocos, y no le ocasionaban a los padres de familia gastos extras en futilidades extraescolares. ¿Puntos acumulados o trabajos extras para mejorar calificaciones? ¡Nunca! Mucho menos si ocasionaban gastos económicos a las familias. ¿Pagar por ir de color los viernes? Por favor, ¡eran serios!

Me gustaría retroceder el cassette de la vida hasta esa época por un momento y dejarlo en pausa. Es bueno recordar esa vida plena de armonía, respeto y paz. Solo por un rato. Sería fabuloso.

Y hoy nos preguntamos ¿qué hacer para arreglar este mundo?. Hay que mejorar la educación y elevar el nivel de las personas. Restablecer un modelo educativo que conste de tres pilares básicos y obligatorios. El formativo individual donde desde niños se les enseñen los valores morales y la convivencia humana.

El formativo convencional basado en el esfuerzo, el concepto de merecerse las cosas. Que exijan estudio y disciplina como la base del conocimiento. Y el formativo para la vida. Programas de estudio menos convencionales y más integrales.

El uso del raciocinio en la solución de problemas de cualquier índole. Una formación más práctica preparándolos para cuando tengan que enfrentar solos la vida. Y claro, situar a los padres de familia fuera de las escuelas.Para implementar esto habrá que cambiar formas de pensamiento y esquemas mentales. Y esperar veinticinco años para ver resultados. Probablemente en aquellos tiempos fuimos mejor formados como personas, en ese sentido.

Pero como generación no supimos mantener esos estándares de calidad en la descendencia. En aras del amor por ellos fuimos permisivos en demasía. Y allí están los resultados.