31/03/2026
12:00 AM

Obama en la cumbre de Panamá

Andrés Oppenheimer

Hasta hace unas semanas, todo parecía indicar que la Cumbre de las Américas del 10 de abril en Panamá sería una fiesta en la que el presidente Barack Obama sellaría su acuerdo de normalización de relaciones con Cuba, y cerraría una vieja herida entre Estados Unidos y America Latina. Sin embargo, las probabilidades de que Obama emerja como un ganador neto parecen sombrías.

Varios hechos que acontecieron en las últimas semanas pondrán a Obama a la defensiva durante esta megacumbre de 34 jefes de Estado, que se realiza solo cada tres o cuatro años. En primer lugar, la orden ejecutiva de Obama del 9 de marzo ordenando suspender las visas y congelar los fondos en Estados Unidos de siete funcionarios venezolanos acusados ​​de actos de abusos contra los derechos humanos y corrupción, le ha dado una excusa de oro al presidente venezolano Nicolás Maduro para montar un gran show, y pedir 10 millones de firmas exigiendo la derogación de la medida. Maduro dijo que presentará el pliego de firmas a Obama durante la cumbre en Panamá.

Aunque las sanciones de Estados Unidos no afectarán a la población venezolana en general, sino a siete funcionarios, Maduro las presenta como una “agresión contra Venezuela”, y es probable que la disputa entre Estados Unidos y Venezuela dominará una buena parte de la cumbre. El Gobierno de Obama cometió un error garrafal al decir que las sanciones se deben a que Venezuela se ha convertido en una “amenaza extraordinaria” para Estados Unidos.

Un segundo obstáculo para Obama podría ser la propia Cuba. Castro no puede darse el lujo de no apoyar abiertamente a Venezuela y criticar a Estados Unidos en la cumbre, porque Venezuela sigue siendo el principal benefactor económico de la isla caribeña, y la narrativa antiimperialista cubana sigue siendo la primordial justificación de Castro para no permitir elecciones libres.

Un tercer posible desafío para Obama serán los disidentes cubanos, que se han sentido marginados del acuerdo entre Obama y Castro. Guillermo Fariñas, un líder opositor que espera participar en el foro de la sociedad civil de la cumbre de Panamá, me dijo en una entrevista telefónica desde Cuba que a menos que Obama exija a la isla dar pasos concretos hacia la democracia, “vamos a estar muy decepcionados”.

Por otro lado, Obama tendrá algunos aspectos a su favor en Panamá. A diferencia de las anteriores Cumbres de las Américas, donde Venezuela, Ecuador, Brasil, Argentina y otros países poco amigos de Washington estaban en pleno auge, gracias a los altos precios de sus materias primas, la próxima cumbre de Panamá tendrá lugar en un escenario regional y mundial muy diferente.

Mi opinión: Si no quiere ser eclipsado por Maduro y Castro, Obama tendrá que hacer algo audaz en la cumbre.

Cuando Maduro haga su show y le entregue a Obama un pliego supuestamente firmado por millones venezolanos — la mayoría de ellos empleados públicos forzados a firmarlo —, Obama debería responder con un gesto similar. En lugar de aceptar el documento con una sonrisa, como lo hizo cuando el difunto presidente venezolano Hugo Chávez le regaló un libro antiestadounidense en una cumbre en 2009, Obama debería darle a Maduro una copia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Y en vez de reunirse con disidentes cubanos en un foro marginal de la cumbre, como lo planea hacer, Obama debería cederle a un líder de la oposición pacífica cubana cinco minutos de su discurso en la sesión plenaria de la cumbre.

Si Obama no hace algo así, le ganarán de mano un octogenario dictador militar y un demagogo populista, y la cumbre de Panamá — en lugar de permitir a Obama proyectarse como un defensor del diálogo y los derechos humanos — podría ser un fiasco diplomático para Estados Unidos.