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Netanyahu hace a Trump su inocentón

  • 07 enero 2017 /

Para quienes estén confundidos con la pelea más reciente entre el presidente Barack Obama y el primer ministro Bibi Netanyahu de Israel, lo pondré simple: Barack Obama y John Kerry admiran y quieren preservar a Israel como un Estado judío y democrático en la Tierra de Israel. Yo he cubierto este tema toda mi vida adulta y nunca me he topado con dos dirigentes estadounidenses más comprometidos con Israel, en tanto democracia judía.

Sin embargo, están convencidos _ con razón _ que Netanyahu es un líder que por siempre está nadando de a perrito a mitad del río Rubicón, nunca listo para cruzarlo. No está dispuesto a tomar ninguna gran decisión dura para promover o preservar la solución de los dos Estados, si con ella arriesga, de alguna forma, su liderazgo en la coalición de derecha de Israel o lo obliga a confrontar a los colonos judíos que empujan sin descanso al país cada vez más dentro de Cisjordania.

Eso es lo que precipitó esta pelea por la decisión de Obama de no bloquear la resolución de Naciones Unidas la semana pasada en la que se critica a los asentamientos israelíes en Cisjordania. El objetivo de los colonos es muy claro, como lo expresó Kerry el miércoles: colocar asentamientos en forma estratégica, “en sitios que hagan que sea imposible tener dos Estados”, para que así, eventualmente, Israel se anexe toda Cisjordania. Netanyahu sabe que esto conlleva enormes problemas, pero su corazón está con los colonos y su pasión está con conservar el poder, a cualquier costo. Así es que, en cualquier crisis, él toma partido por los colones y ellos siguen presionando.

Obama ordenó abstenerse sobre la resolución de Naciones Unidas en la que se condena a los asentamientos (tres meses después de que él armara un paquete de ayuda por 38,000 millones de dólares en 10 años para Israel _ el más grande para cualquier aliado de Estados Unidos que se haya otorgado alguna vez), con la esperanza de encender un debate dentro de Israel y para prevenir que cierre cualquier posibilidad de una solución de dos Estados.

Los amigos no dejan que los amigos manejen borrachos y, en este momento, Obama y Kerry creen, correctamente, que Israel está conduciendo ebrio hacia la anexión de Cisjordania, para convertirse en un Estado binacional árabe-israelí o alguna versión en Oriente Próximo de la Sudáfrica de los 1960, en la que Israel tenga que privar sistemáticamente de los derechos democráticos a grandes secciones de su población para preservar el carácter judío del Estado.

Es claro que Israel va en camino a absorber a los 2.8 millones de palestinos de Cisjordania. Ya hay 1.7 millones de árabes viviendo en Israel, así es que si se unen estas dos poblaciones árabes, se constituiría una minoría significativa con una tasa de nacimientos más alta que la de los judíos israelíes _ quienes suman 6.3 millones de habitantes _, lo cual representa un desafío demográfico y democrático.

Soy muy solidario con los problemas de seguridad de Israel. Si yo fuera Israel, no cedería el control de los límites de Cisjordania; por ahora. El mundo árabe es excesivamente inestable y es factible que Hamas, que controla a otros 1.8 millones de palestinos en Gaza, se hiciera cargo de Cisjordania.

Mi crítica a Netanyahu no es que simplemente renuncie a toda Cisjordania; es que se niega a mostrar algo de imaginación o algún deseo de elaborar alternativas factibles que crearan una mayor separación y le ganaran el apoyo mundial a Israel, como una autonomía política y económica radical para los palestinos en la mayor parte de Cisjordania, donde no haya colonos, en tanto que Israel siga controlando las fronteras y los asentamientos cercanos a ellas.

Bibi nunca expone un plan de paz creíble, que realmente coloque el balón en la cancha de los palestinos. Y cuando alguien como Obama expone eso _ y a Bibi le llueven las críticas de la mitad liberal de Israel, que ve que el país está cada vez más aislado y es cada vez menos democrático _, Bibi solo dice que Obama es un enemigo de Israel y cede ante los colonos. Luego, los “dirigentes” judíos estadounidenses repiten como loros cualquier cosa que dice Bibi.

Más preocupante es el hecho de que el presidente electo Donald Trump _ quien podría ser un nuevo agente de cambio _ está permitiendo que los extremistas de la derecha lo manipulen totalmente y, quiero decir extrema. David Friedman, su embajador designado ante Israel, ha comparado a los judíos que están por la solución de dos Estados con los que colaboraron con los nazis. Nunca había oído un agravio tan vil de un judío a otro.

Trump tampoco tiene idea de cuánto los están manipulando Irán y el EIIL. ¿Cuál es el objetivo principal de Irán cuando se trata de Israel? Que Israel nunca salga de Cisjordania y que implante a colonos judíos por todas partes allí.

Eso haría que Israel estuviera en conflicto permanente con los palestinos y el mundo musulmán, así como con muchas democracias occidentales y sus campus universitarios. Alejaría toda la atención de los propios abusos a los derechos humanos que comete, lo que permite que Irán y el EIIL se presenten como los principales protectores de Jerusalén y a los aliados árabes sunitas de Estados Unidos como lacayos de un Israel extremista. Esto generaría todo tipo de problemas para estos regímenes árabes. Una Cisjordania en llamas se convertiría en herramienta de reclutamiento para el EIIL y para Irán.

Un día, Trump se despertará y descubrirá que lo manipularon para convertirse en copadre, junto con Netanyahu, de un Israel que ya no es judío o ya no es democrático. Descubrirá que se convirtió en el inocentón de Bibi.

Lo que un verdadero amigo de Israel y enemigo de Irán haría hoy es justo lo que Obama y Kerry intentaron: asegurar la superioridad militar de Israel en el largo plazo al son de 38,000 millones de dólares; pero, a diferencia de Trump, quien acaba de pasarle otra botella de vino a Israel, le dicen a nuestro querido aliado que está manejando ebrio, que necesita parar los asentamientos y aplicar esa asombrosa imaginación israelí para preservar a Israel como un Estado judío y democrático.