12/01/2026
01:27 AM

Límites humanos

Francisco Gómez Villela

Límite es un término proveniente del vocablo romano “limes” y se refiere, en forma general, a un punto establecido, ya sea física o psicológicamente y que no puede ser atravesado. Un límite personal es la percepción con que cada individuo interpreta la diferencia entre las acciones correctas e incorrectas.

Desde los albores de esta civilización, el ser humano consideró que en aras del bienestar común era necesario establecer límites. El objetivo era garantizar el derecho propio y el ajeno. Conforme los grupos tribales evolucionaron a sociedades más complejas, estas limitaciones intangibles se convirtieron en leyes. Y se definieron sanciones y castigos para quienes las transgredieran.

Asimismo los hogares, las instituciones religiosas, las educativas, fueron pilares en la instrucción del individuo sobre el respeto al prójimo y a la observancia de conductas basadas en la educación y la moral. Conforme el tiempo ha pasado, cada día es más difícil el cumplimiento de estos ideales que han sido las bases de la convivencia pacífica y la calidad de vida de grupos y naciones. La irreverencia, la vulgaridad, la necesidad de figurar, han logrado en unos pocos años destruir las características que como especie nos separaba del resto de animales que pueblan el planeta. Esto es el resultado lógico de la ausencia de ejemplos a seguir. Y en este saco caben todos los llamados a ser ejemplos: padres de familia, maestros, líderes espirituales, instituciones religiosas, líderes ciudadanos y políticos. El hombre de hoy se comporta según sus propios conceptos y formas de ver la vida; según sea su necesidad, así actúa, nada lo inhibe, nada lo detiene, no tiene límites ni físicos, sicológicos o sociales. No tuvo un buen ejemplo en su casa, sus maestros no fueron lo que debieron, las instituciones religiosas no supieron convencerlo, y la corrupcion omnipresente en cualquier ámbito terminó de arrebatarle el último vestigio de vergüenza que le quedaba. No conocen de valores humanos. Sus ídolos son fantoches de decadencia y desadaptacion social. Triste panorama para esperar conductas humanas de integridad y buenas costumbres.

Pero las instituciones de cualquier tipo deben insistir el el correcto accionar. Deben aspirar a el orden y el respeto, a la calidad de sus representados. Solo así podemos revertir esta pesadilla emocional de mal gusto y barbarie.

Los medios como órganos de comunicación de masa deben abonar en esto. Las noticias amarillistas, los programas juveniles que deforman, los shows mediáticos que denigran personas aprovechándose de su ignorancia, los foros televisivos de políticos no comprometidos con el país, los vocabularios corrientes de algunos presentadores, las palabras soeces utilizadas sin vergüenza, la utilización de los atributos femeninos como arma de venta y la incomprensible falta de tacto en el manejo de noticias que involucran la dignidad de las personas, no deben tener cabida en medios radiales y televisivos serios, profesionales y de calidad. Deben saber que generan tendencias de conducta erróneas en jóvenes inmaduros sin rumbo. El lenguaje tiene una manera correcta de usarse. Y si es hablado, deformarlo tiene un efecto devastador en la educación.

Ninguna necesidad económica justifica que echemos por tierra nuestra condición humana. Nos debemos respeto, unos a otros, todos. En el campo que sea debe preciarse la dignidad humana de propios y extraños. La calidad de las personas es el factor primordial para elevar el nivel de vida de un país. No podemos exigir calidad a los jóvenes de hoy si son bombardeados continuamente con información alienante.

No podemos exigir decencia si a título personal actuamos como pencos. El trabajo de construir el país que deseamos es obligación de todos.

Y en la medida que demos un ejemplo de honorabilidad, esta podra ser imitada por la generalidad de una sociedad desgastada por la ignorancia y la mala educación.

Como los adultos de hoy tenemos la responsabilidad de exigir que se respeten los límites, en todo, por todos, especialmente aquellos que nos identifican como humanos.