Desde siempre he entendido la importancia tan grande que tienen los hermanos en la vida de las personas, pero no fue sino hasta que comencé a leer a autores serios que escriben al respecto y a estudiar psicología, que logré comprender la magnitud del asunto.
Los hermanos son las primeras personitas con las que nos encontramos en el comienzo de nuestra vida, este encuentro determinará muchos aspectos de nuestra personalidad, nuestras memorias en el futuro, experiencias tempranas y demás.
Dependiendo de cómo se vayan dando estas interacciones se irán desarrollando en nosotros o no, ciertas habilidades que tienen que ver en la manera en que enfrentaremos el mundo una vez que nos convertimos en adulto, ellos son podría decirse, nuestro entrenamiento más importante (aún más que el que recibiremos por parte de nuestros padres o cuidadores) antes de salir al mundo real, el mundo que encontraremos fuera de casa.
Es por esto por lo que los resultados de investigaciones, esos que nos encontramos en los libros de texto y los de divulgación psicológica en general, arrojan los mismos datos: Es en los adultos a los que les tocó ser hijos únicos o hijos mayores, en los que se pueden encontrar más trastornos emocionales. A ellos les tocó vivir “solos” ese proceso y si no tuvieron primitos o amiguitos muy cercanos de los cuales aprender y con los cuales entrenarse, es probable que haya mucho que “reparar” en el futuro.
El médico psiquiatra y psicoterapeuta familiar y de parejas Jorge Bucay nos asegura que: Con los hermanos pasamos de la emoción a la risa y de allí al llanto mil veces cuando éramos niños. Un hermano es en muchos sentidos, el único testigo veraz de los peores y los mejores momentos de la historia de nuestra infancia.
Las envidias, los celos, las manipulaciones y hasta las peleas entre hermanos funcionan como un trabajo de campo del futuro social. Y es que el que tiene un hermano con el que no se relaciona, de alguna manera, tiene un agujero en su estructura existencial.
Ha perdido un pedazo de su vida”.Yo no me puedo imaginar lo que hubiese sido de Vicent Van Gogh sin el gran apoyo moral que fue para él, su hermano Theo, sinceramente no creo que hoy en día contaríamos con ese trabajo tan maravilloso que nos dejó este pintor holandés.
Tampoco creo que la vida de Marilyn Monroe hubiese terminado de la manera que lo hizo si ella hubiese contado con una hermana que la acompañara durante su travesía vital.
Creo que el soporte y la compañía de su hermano Horacio, fueron cruciales en la vida y éxito de don Roberto Gómez Bolaños, que Rosa Montero hoy en día se sentiría muy sola si no hubiese cultivado la buena relación que hoy tiene con su hermano Pascual. Que tal vez si la madre de María Callas no hubiera sembrado la discordia y la competencia entre ella y su hermana Jackie, la Prima Donna, no hubiese crecido con tanta necesidad de afecto como lo hizo.
Pero, qué hacer cuando ya adultos, enfrascados en los devenires de la vida, llevados por las opiniones de terceros y a veces hasta sin darnos cuenta, hemos dejado de lado a alguno (o algunos) de nuestros hermanos o peor aún y por la razón que sea; ¿no nos llevamos bien con él o ella? Pues hacemos todo lo posible y hasta lo imposible por reparar ese “detalle”.
Ese detalle que puede estar interfiriendo sin que nos demos cuenta, en la calidad de nuestra propia vida y en el futuro de nuestros hijos. Porque si hay un lazo que vale la pena mantener intacto, es ese lazo que nos mantiene unidos a nuestros compañeros de ruta más importantes...nuestros hermanos.