12/01/2026
01:27 AM

Laudato sí

Parece difícil hoy hablar a favor de algo sin que se vaya en contra de algo. Ya la sabiduría popular dice que cuando se alaba a alguien, “¿contra quién va el elogio?”

Esta es la primera reflexión que me suscita la lectura de la encíclica “Laudato sí” del papa Francisco. Porque en ella el Papa defiende la naturaleza y lo hace desde una perspectiva franciscana -usa el inicio del Cántico de las Criaturas de San Francisco para denominar la encíclica y habla de él muchas veces en el texto-, es decir, defiende la naturaleza desde una perspectiva católica. Pero esta defensa tiene un “enemigo” fundamental contra el que se dirige el ataque -tiene más, pero sobre todo hay uno-, la tecnología, o mejor, “las formas de poder que derivan de la tecnología”.

En ese capítulo, el tercero, están los textos más duros y las acusaciones más fuertes de toda la encíclica. El Papa no se identifica con el extremo de los que consideran que el hombre es el culpable de lo que pasa y que lo mejor sería que desapareciera o que disminuyera radicalmente su presencia en la Tierra (de hecho, cita esta posición y la califica de extrema), pero también rechaza la otra posición (que considera también extremista), la de los que piensan que el mercado tiene en sí mismo la posibilidad de encontrar la solución a los problemas siguiendo su propia dinámica, es decir, buscando el máximo beneficio al precio que sea.

Citando a Romano Guardini, dice que “se tiende a creer que toda conquista de poder sea simplemente progreso, crecimiento en seguridad, en utilidad, en bienestar, en fuerza vital, en plenitud de valores, como si la realidad, el bien y la verdad nacieran espontáneamente del poder mismo, de la tecnología y de la economía. La realidad es que el hombre moderno no ha sido educado en el recto uso del poder, porque el inmenso crecimiento tecnológico no ha sido acompañado de un desarrollo del ser humano en lo que respecta a la responsabilidad, los valores y la conciencia” (nº 105). consumista.