Desde hace varios años circula en el país la voz que hacer negocio con las instituciones del Gobierno es como pegarle a un bolo. Así de descarnado es el comentario popular que rápidamente se difundió en el país desde que los corruptos y corruptores tomaron el control de muchas instituciones del Gobierno; así es la opinión del ciudadano desde que al amparo de una supuesta legalidad se ponen a funcionar empresas de maletín para esconder los asaltos. En los últimos meses, el caso del IHSS valida esta conjetura. Menciono esto a raíz de las declaraciones de la copropietaria de una de las tantas empresas que hacen negocios con el Gobierno, quien salió recientemente a defenderse de las acusaciones, dando algunos detalles de las circunstancias bajo las cuales se llegan a estos negocios y lo lucrativo de estos.
Este caso de la empresa proveedora de algodones y gasas para el IHSS es solamente una muestra; un ejemplo de las tantas operaciones que diariamente se repiten en el sector público. Unas ejecutadas por pequeñas y otras por grandes empresas. Para cualquier hondureño, de esos que desde su empresa trabajan honradamente por salir adelante, esas historias que tratan de justificar lo indefendible son como una bofetada. Los emprendedores dejan el pellejo en sus negocios, con largas jornadas de trabajo donde no existe siquiera un fin de semana, sacando con grandes hazañas los costos, viviendo quizá de un salario y pagando a cabalidad los impuestos. Pero lo que acontece con las empresas de maletín, que se convierten en proveedores de servicios de una de esas maltratadas empresas públicas, no tiene nada que ver con lo anterior. Allí el negocio es seguro y rentable. Las ganancias fluyen para vivir y darse la vida, pero no por las razones legales y justas. Ocurren por estar ligadas a la corrupción. Ahora ya existe certeza que solamente es necesario estar muy bien conectado con alguien de adentro para asegurarse exorbitantes precios de venta de los productos o servicios, para obtener contratos, complicidad con la mala calidad y el incumplimiento.
Lo que aún no ha salido a relucir y ojalá ocurra pronto con el procesamiento del exdirector del IHSS, son los detalles de los negocios multimillonarios relacionados con los círculos del poder político y económico que coludidos han quebrado empresas públicas para el financiamiento de las campañas políticas.
Como en repetidas ocasiones se ha dicho, en Honduras no necesitamos subir impuestos a la clase media ni cortar el gasto social para los sectores de menores ingresos para enderezar la situación fiscal. Bastaría con que estas historias de empresas de maletín, tanto las grandes como las pequeñas, desaparecieran, aplicando estrictamente la ley que ya existe. Bastaría con que tuviéramos un Gobierno sin ningún compromiso con el asalto de hoy y de ayer de las empresas públicas. Bastaría con que los líderes del sector empresarial promovieran un ambiente para los buenos negocios con penalizaciones morales para todos aquellos que delinquen amenazando la estabilidad social del país.
