13/04/2024
03:15 PM

La sarna del quejoso

Jibsam Melgares

Existe una antigua historia judía que relata la vida de una mujer llamada Ana, conocida por ser muy quejosa. Todo el tiempo se estaba quejando: “Tengo muy poco dinero, mis ropas parecen trapos viejos. Mi salud es tan mala que mi espalda se siente como las murallas de Jericó. Debo caminar tan lejos para obtener agua que mis pies están como dos sandías. Mi casa es tan pequeña que casi no me puedo mover en ella. Mis hijos me visitan tan poco que casi no me conocen”.

Un día, Ana se levantó con una sarna en la nariz. Se pasó todo el día con un incesante picor. Por esta razón fue a visitar al rabino del pueblo. Cuando el rabino vio a la mujer le preguntó: “¿Cómo estás, Ana?”. Ella contestó: “Muy mal”. Y luego le enumeró con lujo de detalle cada una de sus penurias. “Dígame, rabino, ¿qué significa todo esto?”, preguntó. El rabino contestó: “Ana, tu sarna es la sarna del quejoso. Su significado es este: Como quiera que te consideres a ti misma, así serás”.

Al llegar la noche, Ana pudo ver cómo las palabras del rabino se cumplían. Su espalda se volvió de piedra. Los brazos se le salían por las ventanas de su casa y sus piernas por la puerta. Al extremo de sus piernas había dos sandías. Sus ropas se habían convertido en trapos viejos. Sus hijos pasaron por enfrente de su casa y no la reconocieron. Y su nariz continuaba picándole.

De golpe, Ana despertó de ese mal sueño y recordó las palabras del rabino sobre la sarna del quejoso. En ese momento decidió pensar diferente. Y se dijo a sí misma: “Realmente tengo suficiente dinero como para vivir feliz y ayudar a los que no están tan bien. No estoy tan mal de salud. En verdad, para alguien de mi edad, me siento realmente bien. Mi casa no es grande, pero es acogedora y bastante cálida. En realidad, caminar a buscar agua es bueno para mi salud. Y mis hijos, estoy muy orgullosa de que sean independientes y puedan valerse por sí mismos”.

Cuando los rabinos cuentan la historia de Ana terminan con este dicho: “Que sus narices les piquen para siempre”.