La justicia como valor es el principio moral de cada individuo que decide vivir dando a cada quien lo que corresponde o pertenece, debe ser la virtud que cada persona debe poner en práctica en la búsqueda del bien propio y de la sociedad. Para Platón, el individuo debe salir de la oscuridad, de la caverna del desconocimiento, ya que la persona se hace justa en la medida en que posee el conocimiento.
Quizá, en la sociedad actual la injusticia revela la ignorancia de aquellos que aplican ley, pero en la práctica quedan expuestos a esta verdad. Aristóteles definía la justicia como dar a cada ciudadano lo que le corresponde según sus necesidades y aporte en la sociedad. Kelsen indicaba la justicia como un derecho natural que debe prevalecer, y si el derecho positivo va en contra de los derechos fundamentales del ser humano no se puede hablar de justicia. “La justicia sobre la fuerza es la impotencia, la fuerza sin justicia es tiranía”: Blaise Pascal. El principio fundamental que nuestro Señor Jesucristo manifestó siempre fue el reino de Dios y su justicia. En ese tiempo practicaban la justicia externa los fariseos, pero Jesucristo trajo la justicia interna del corazón.
La justicia externa es para quedar bien, para ser vistos, reconocidos. “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos”: Mateo 6:1. La justicia es derecho, atributo para gobernar con imparcialidad y equidad; la justicia de Dios es para salvación.
Cuando Jesucristo vino a la tierra, el pueblo estaba en rebeldía, practicaban la fe, pero sin cambios ni frutos. La mentira, la iniquidad y maldad prevalecía, es allí donde el derecho y la justicia desaparecen. “Más que la civilización, la justicia es la necesidad del pueblo”, Pietro Colletta. Dios es justo y dará lo mejor a su vida siempre.