Cuando tenía 11 años, curioseando un poco en la biblioteca del Centro Cultural Sampedrano, descubrí un libro que llamó mi atención: “Memorias de un sampedrano”, de don Gonzalo Luque. Era un ejemplar antiguo, con las páginas de papel tosco, amarillento y rudimentariamente encuadernado, con una impresión de baja calidad y que databa de los años 20. Poco recuerdo de su contenido, pero sí tengo presente que se trataba de una serie de anécdotas curiosas que el empírico escritor había visto, escuchado o recopilado sobre la San Pedro Sula de finales del siglo XIX y principios del XX. Me causaba ilusión conocer las reacciones de los niños sampedranos de aquella época ante el primer automóvil que llegó a la ciudad, propiedad de un norteamericano, los comentarios por las primeras mujeres que usaron maquillaje en el “pueblo”, al regresar de un viaje, pertenecientes a las familias árabes que ya se asentaban en la ciudad. La cultura americanizada que predominaba entre los ciudadanos, quienes gustaban de “hamborgas”, refrescos y béisbol, o la ubicación de la única capilla, ubicada en la quinta avenida, que era privada, y la atendía de vez en cuando un sacerdote católico de rito maronita que venía de La Ceiba para pastorear a la feligresía de “la costa”. Todo eso despertaba en mí una rara nostalgia que no era otra cosa que admiración y alegría por haber nacido en la Ciudad del Adelantado, la del eterno verano, la Capital Industrial del país, porque siempre me gustó mi ciudad, y aún más su gente, pues siempre he estado orgulloso de ser “jampedrano”. De haber nacido entre acacias, almendros, mangos, sanjuanes y ríos, bajo un cielo azul celeste, surcado por zorzales, que a veces se torna gris plata para dar paso a fuertes tormentas, que verdean aún más el valle de Sula, que nos sirve de cuna, y El Merendón, que nos custodia, protege y sacia nuestra sed. San Pedro Sula celebra 484 años de haber sido fundada por el conquistador Pedro de Alvarado, aunque durante más de 300 años fue poco más que una aldea.

Desde finales del siglo XIX, SPS ha llevado sobre sus hombros, bajo el patronazgo del apóstol San Pedro, la responsabilidad de ser el motor económico de Honduras. Una ciudad que alberga a gente de todo el país, con más de 880,000 habitantes, que conforman una sociedad campechana, abierta, alegre, hospitalaria, emprendedora y muy trabajadora.

Estamos de feria, y de fiesta, y aunque quizá algunos pensarán que no hay motivos para alegrarse, creo que el tener la oportunidad de vivir una Feria Juniana más, junto con nuestros seres queridos, es motivo suficiente para dar gracias a Dios por el don de vivir en San Pedro Sula y ser parte de lo mejor de nuestra patria.