Aunque es fácil darse cuenta de lo contrario, parece que en Honduras aún no caemos en cuenta que la conducta humana no puede estar dividida en compartimientos estancos. Es decir, que es imposible que la vida privada de una persona no tenga resonancias públicas o que se pueda vivir de una manera en el ámbito privado y de otra ante el gran público. Encima, la psicología moderna afirma que la teoría de las personalidades múltiples es un cuento y que aquellos que han pretendido ser dos, tres o más personas a la vez no han hecho sino engañarnos y mostrar sus habilidades histriónicas. Por lo mismo resulta repugnante encontrarse en la vida con personas que simulan, que usan máscaras, que se comportan según el escenario en que se muevan y que son las circunstancias y no sus valores los que determinan su conducta.
Escribo lo anterior ante el panorama político que se ha ido presentando de cara a las elecciones del próximo noviembre. Examinaba, por ejemplo, la papeleta de los candidatos a diputados por Francisco Morazán, y, al ver algunos rostros pensaba lo siguiente: ¿cómo es posible que gente que ha estado en el Congreso durante décadas, y que no ha contribuido con el país más que con sus huecos discursos, pretenda de nuevo mantenerse en el hemiciclo legislativo?, ¿cómo pueden aspirar a representar al pueblo individuos que han tenido cuentas pendientes con la justicia, que han sido acusados de latrocinio contra el Estado o cuya honradez es más que dudosa?, ¿cómo dicen querer servir a la Patria hombres y mujeres que en el pasado reciente, y solo por ambiciones personales frustradas, se alegraban ante el aislamiento diplomático al que injustamente estuvimos sometidos y le pedían a la comunidad internacional que cortara la ayuda a los pobres de Honduras?, ¿cómo vamos a confiar en gente cuya vida personal, privada, es más que reprochable?
Es cierto que hay en la papeleta hombres y mujeres que valen la pena, que no tienen cola que pisarles, que han prestado notables servicios al país, pero, nos guste o no, no son la mayoría. Es cierto que el próximo congreso será más representativo que nunca, que ninguna corriente de pensamiento podrá decir que ha quedado excluida, pero eso no lo es todo. Podría ser que al final lleguen a ocupar una curul los que se han aprovechado del poder para comprar voluntades, o los que han sabido manipular a ciertos grupos, o los que son expertos en el fraude y pierden en las urnas pero ganan en las mesas. Podría ser que, al final, los verdaderamente íntegros queden fuera y ocupen su lugar los canallas que solo piensan en sí mismos. Pudiera ser que en el próximo Congreso los honestos queden fuera y sus puestos sean ocupados por canallas.
