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Historia de los hijos

  • Actualizado: 27 septiembre 2013 /

Las parejas se casan, tienen hijos, tratan de educarlos lo mejor que pueden pero cometen un error común y es que se hacen muchas ilusiones con respecto al futuro de ellos, planeando su vida, su educación, la decisión sobre su pareja, etc. La realidad de las cosas es que los hijos son prestados. Viven con sus padres por un tiempo y luego se van.

Llega un período en el que los padres quedamos huérfanos de nuestros hijos porque ellos crecen independientemente de nosotros, como árboles quejosos y pájaros imprudentes. Los hijos crecen muy rápidamente, sin pedirle permiso a la vida, con una estridencia alegre y a veces con marcada arrogancia.

Pero no crecen todos los días, crecen de repente. Un día se sientan cerca de nosotros y con increíble naturalidad nos dicen cualquier cosa que nos indica que esa criatura, hasta ayer en pañales y pasitos temblorosos e inseguros, ya creció. ¿Cómo y cuándo creció que no lo percibimos? ¿Dónde quedaron las fiestas y cumpleaños infantiles, los juegos en la arena, las preguntas inquisitivas, los cuentos antes de dormir, las promesas de amor eterno? Ahora usted como padre está ahí, en la puerta de la discoteca, de los cines, de las excursiones a otros lugares, de las fiestas bailables, esperando ansioso, no solo que crezca sino que aparezca… Y nuestros hijos están entre hamburguesas y gaseosas, en las esquinas, con el uniforme de la escuela o colegio y sus mochilas en la espalda. Y nosotros mientras tanto, ya tenemos el pelo canoso. Al principio nos acompañaban al campo, a la playa, a reuniones familiares y sociales, en Navidad y Semana Santa. Se peleaban por la ventana de los carros, por la música de moda. Después llegó el tiempo en que viajar con los padres se transformó en esfuerzo y sufrimiento: no podían dejar a sus amigos y a sus primeros amores. Durante el tiempo de crecimiento, ellos han aprendido con nuestros errores y nuestros éxitos. Ojalá que no repitan nuestros errores. Paralelamente, nuestros hijos en el mundo de hoy deben lidiar con peligros que desconocen muchas de nuestras generaciones, maras, acosos sexuales, drogas, terroristas, violencia exagerada, corrupción alabada, consumismo sin control y bombardeo negativo de los medios de comunicación,

Para seguridad de nuestros hijos, es necesario que crezcan en un ambiente estable en su hogar, que exista una buena relación entre los padres que permita expresar confianza y amor a nuestros hijos y mantener la paz unos con otros dentro del ambiente familiar. Y nos llegó el momento en que nos quedamos solos, en silencio esperando esperanzados que ellos elijan bien en la búsqueda de la felicidad y conquisten el mundo del modo menos complejo posible. Pese a todo, los hijos llenan nuestras vidas y alegran nuestro espíritu como nada ni nadie logra llenarnos ni alegrarnos... ¡Benditos sean nuestros hijos!