San Pedro Sula, Honduras.
A los padres se les confía la responsabilidad interesante e importantísima de ayudar a sus hijos a formar su personalidad, brindándoles la dirección, el cariño y el abrazo que les dé seguridad de sí mismos. Consideremos los aspectos siguientes:
1. Desde la infancia hasta después de la adolescencia, el hijo anhela el afecto de sus padres. Dicho afecto tiene repercusión directa en el desarrollo de la personalidad, como la luz del sol lo hace con el crecimiento de la flor. El cariño permite que un niño crezca sano, simétrico y colorido.
2. La fidelidad conyugal de los padres, marca un ejemplo importantísimo en la vida futura de los hijos. El observar que sus padres se aman y se respetan mutuamente, forja en los hijos una visión del futuro para cuando ellos sean padres también.
3. En la educación de los hijos se debe recalcar el desarrollo del carácter más bien que la conducta inmediata. Se le debe enseñar al niño a pensar, a obtener soluciones de los problemas, para que después de sopesar las posibilidades llegue a tomar sus propias decisiones acerca de lo que debe hacer. La función paternal y maternal consiste en criar y dirigir; pero son los hijos quienes deben desarrollarse.
4. Cuando en el matrimonio se dan diferencias o problemas, y los padres no son humildes para reconocer sus errores o son egoístas al pensar solo en ellos mismos, mencionando la palabra “divorcio”, no se debe olvidar nunca que la separación será cruel para los hijos y tendrá un efecto desestabilizador a nivel emocional y espiritual. No me olvido que enseñando la materia de Educación cívica de primer curso, para el tema de la familia realicé una actividad donde repartí hojas en blanco entre los alumnos, y les pedí que confidencialmente y con sinceridad escribieran sobre la condición del matrimonio de sus padres. Cuando recogí las hojas, encontré una mojada por las lágrimas derramadas de una alumna. Leí el trabajo y entre otras cosas decía que el matrimonio de sus padres andaba mal, pues se estaban divorciando. “Y lo más grave para mí”, agregaba, “será cuando me pidan con quién me quiero quedar, ya que yo los amo a los dos”. El caso de esta alumna me impactó sobremanera, y me dije a mí mismo: “¿no tienen solución los problemas matrimoniales?”. Sin duda que para lograr dicha solución habrá que ser humildes y ceder cuando haya que hacerlo. No olvidemos que la cohesión familiar no solo beneficia a los padres sino que forja la personalidad de los hijos. Para concluir, quiero dejar en la mente de nuestros lectores dos cosas más: Primero, la responsabilidad de sembrar los principios y convicciones en los hijos no corresponde a la iglesia ni a la escuela, es responsabilidad ineludible de los progenitores. Segundo, cuando comparezcamos ante el tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10), yo creo que la primera observación que Dios nos hará es si cumplimos a cabalidad con nuestros deberes de padre y madre. La tarea de educar a los hijos no es fácil, pero dependamos de Dios para llegar al éxito en ello.
A los padres se les confía la responsabilidad interesante e importantísima de ayudar a sus hijos a formar su personalidad, brindándoles la dirección, el cariño y el abrazo que les dé seguridad de sí mismos. Consideremos los aspectos siguientes:
1. Desde la infancia hasta después de la adolescencia, el hijo anhela el afecto de sus padres. Dicho afecto tiene repercusión directa en el desarrollo de la personalidad, como la luz del sol lo hace con el crecimiento de la flor. El cariño permite que un niño crezca sano, simétrico y colorido.
2. La fidelidad conyugal de los padres, marca un ejemplo importantísimo en la vida futura de los hijos. El observar que sus padres se aman y se respetan mutuamente, forja en los hijos una visión del futuro para cuando ellos sean padres también.
3. En la educación de los hijos se debe recalcar el desarrollo del carácter más bien que la conducta inmediata. Se le debe enseñar al niño a pensar, a obtener soluciones de los problemas, para que después de sopesar las posibilidades llegue a tomar sus propias decisiones acerca de lo que debe hacer. La función paternal y maternal consiste en criar y dirigir; pero son los hijos quienes deben desarrollarse.
4. Cuando en el matrimonio se dan diferencias o problemas, y los padres no son humildes para reconocer sus errores o son egoístas al pensar solo en ellos mismos, mencionando la palabra “divorcio”, no se debe olvidar nunca que la separación será cruel para los hijos y tendrá un efecto desestabilizador a nivel emocional y espiritual. No me olvido que enseñando la materia de Educación cívica de primer curso, para el tema de la familia realicé una actividad donde repartí hojas en blanco entre los alumnos, y les pedí que confidencialmente y con sinceridad escribieran sobre la condición del matrimonio de sus padres. Cuando recogí las hojas, encontré una mojada por las lágrimas derramadas de una alumna. Leí el trabajo y entre otras cosas decía que el matrimonio de sus padres andaba mal, pues se estaban divorciando. “Y lo más grave para mí”, agregaba, “será cuando me pidan con quién me quiero quedar, ya que yo los amo a los dos”. El caso de esta alumna me impactó sobremanera, y me dije a mí mismo: “¿no tienen solución los problemas matrimoniales?”. Sin duda que para lograr dicha solución habrá que ser humildes y ceder cuando haya que hacerlo. No olvidemos que la cohesión familiar no solo beneficia a los padres sino que forja la personalidad de los hijos. Para concluir, quiero dejar en la mente de nuestros lectores dos cosas más: Primero, la responsabilidad de sembrar los principios y convicciones en los hijos no corresponde a la iglesia ni a la escuela, es responsabilidad ineludible de los progenitores. Segundo, cuando comparezcamos ante el tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10), yo creo que la primera observación que Dios nos hará es si cumplimos a cabalidad con nuestros deberes de padre y madre. La tarea de educar a los hijos no es fácil, pero dependamos de Dios para llegar al éxito en ello.