02/01/2026
07:08 AM

Hablemos de la coma

San Pedro Sula, Honduras

Uno de los signos de puntuación más importantes en la redacción de textos es la coma. La coma es un signo que delimita unidades lingüísticas inferiores a la expresión: “Aunque Napoleón ya no trabaja aquí, hay que invitarlo”.

La coma tiene variedad de usos y acaso por eso es que plantea muchas dudas su empleo. Pues hace unos días, un periodista me alegaba que la frase “Esto lo dijo el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, en su discurso inaugural” es lo mismo que “Esto lo dijo el presidente de Honduras Juan Orlando Hernández en su discurso inaugural”, algo que en apariencia es igual; pero sintácticamente no es lo mismo.

Esas comas explicativas indican que bien se puede quitar el nombre del Presidente porque se sabe que solo hay uno; decir “Esto lo anunció el presidente de Honduras en su discurso inaugural” no cambia en nada el sentido de la oración, pues se entiende de quién se está hablando.

Pero no es lo mismo “El diputado, Manuel Zelaya Rosales, no quiso referirse al problema” si en el contexto se está hablando de todos los diputados de Libre. Lo mismo sucede con “El arzobispo de Tegucigalpa, cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, es un cercano colaborador de Francisco”, pues en este país solo hay un arzobispo y bien se podría omitir el nombre: “El arzobispo de Tegucigalpa es un cercano colaborador de Francisco”.

Hace ya varias semanas que se está tratando el problema de corrupción que ha habido en el Instituto Hondureño de Seguridad Social; “su exdirector Mario Zelaya es quizá el hombre más señalado es ese escándalo”. ¿Por qué no entrecomamos el sintagma Mario Zelaya?, sencillamente porque ha habido varios directores y de ninguna manera podemos omitir su nombre en ese entorno; sería inconcluso el sentido de “Su exdirector es quizá el hombre más señalado en ese escándalo” si no se ha mencionado el nombre en el contexto, pues el Seguro ha tenido muchos directores.

Desde la escuela primaria se ha enseñado que la coma se vincula a una pausa breve en la cadena hablada. Es verdad que en muchas situaciones la coma indica un alto débil, pero no siempre es necesario este signo, como en “Hellen es tan bella que apenas se maquilla”, expresión en la que no cabe la coma, pese a que los dos miembros de esta oración compuesta suelen pronunciarse separados por una pausa. Pero hay casos que en verdad este signo es decisivo, como en los apodos y los seudónimos que pueden sustituir al nombre verdadero al constituir aposiciones explicativas cuando se mencionan tras él: “Ramón, el Primitivo, Maradiaga es el nuevo entrenador del Vida”, “Ever Enrique Oñate, alias Barrabás, fue entregado la semana pasada a Colombia”.

En cambio, los sobrenombres, que deben ir obligatoriamente acompañados del nombre propio al que especifican, se une a este sin comas: “Alfonso X el Sabio, rey de Castilla”. Por aquello de las dudas, apodo y sobrenombre no son sinónimos. Apodo es el nombre que suele darse a una persona, tomando en cuenta sus defectos corporales o de alguna otra circunstancia. Sobrenombre es el nombre calificativo con que se distingue especialmente a una persona: “Simón Bolívar el Libertador”. Alias, por otra parte, es un una expresión latina que equivale a “por otro nombre” y comparte uso con apodo y sobrenombre; en la actualidad alias se aplica más a los apodos de delincuentes.