Al comenzar un nuevo año, es normal hacer una lista de propósitos y expectativas sobre lo que deseamos alcanzar a lo largo de los 365 días que se abren ante nosotros. Sin embargo, también es frecuente adoptar una visión demasiado idealizada del futuro cercano, pasando por alto que, junto a las cosas buenas que están por venir, inevitablemente vendrán aunados algunos contratiempos y situaciones indeseables. Una antigua anécdota atribuida a Matthew Henry, reconocido teólogo de finales del s. XVII y autor del célebre comentario bíblico que lleva su nombre, nos podría ser de mucha ayuda cuando nos toque enfrentar esos inevitables momentos de dificultad.
Se cuenta que, en cierta ocasión, Henry fue víctima de un asalto en el que le robaron su cartera. Pero, en lugar de enojarse y llenarse de rencor o amargura utilizó ese incidente desagradable para renovar su gratitud a Dios, escribiendo en su diario lo siguiente: “Señor, ayúdame a estar agradecido. Primero, porque nunca antes me habían robado; segundo, porque, aunque se llevaron mi cartera, no me quitaron la vida; tercero, porque, aunque se llevaron todo lo que tenía, no era mucho; y cuarto, porque fui yo quien fue robado y no quien robó”.
Nosotros solemos comenzar cada año deseando que sea mejor que el anterior, que traiga menos pérdidas y más logros. Sin embargo, la experiencia nos enseña que ningún nuevo calendario garantiza la ausencia de dificultades. La reflexión de Matthew Henry, entonces, nos invita a empezar este año con una perspectiva centrada: siendo agradecidos no solo por lo que recibiremos, sino también por lo que, aun perdiéndose, no logrará arrebatarnos lo más importante.
Que este nuevo año nos halle, pues, no solo llenos de planes, sino también dispuestos a cultivar una gratitud consciente, que sea capaz de transformar las pruebas en oportunidades de crecimiento, recordándonos que siempre habrá razones para dar gracias, incluso en medio de la adversidad. Ruego a Dios que este 2026 seamos capaces de reconocer que la paz y la felicidad verdaderas no dependen realmente de solo poseer circunstancias favorables, sino de una comprensión más profunda de lo que realmente importa en la vida.