El Niño Jesús nació en un pesebre, donde su madre María y su padre José estaban acompañados por una oveja, un buey y un macho en un lugar llamado Belén, un 25 de diciembre del año 0 de la era cristiana y 2021 años después es el cumpleaños más celebrado del Salvador del mundo, llamado Jesús.
Cuando meditamos sobre la verdadera fiesta de la natividad del mesías, nos damos cuenta de lo importante de esa fecha que significa la llegada del hijo de Dios como signo de salvación, amor, paz y perdón.
Jesucristo ha sido y es el más grande líder de todos los tiempos con un poder impresionante de oración, persuasión y convicción a través del mensaje de salvación y en los tiempos más difíciles del yugo del imperio romano que era prohibido sentir, pensar y contradecir todo lo que ya había escrito el “gran” César.
El nazareno estaba lleno de poder divino y lo demuestra con los incontables milagros desde que convierte el agua en vino hasta que resucita entre los muertos y además revestido de amor y perdón, aún en su agonía de su muerte pedir por sus crucificadores: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.
Se contradice lo del símbolo de la humildad del nacido en el pesebre y hasta a los niños, los padres de familia les inculcan la tradición del “mejor traje” como símbolo de vanidad, soberbia y derroche.
Al llegar las 12 de la noche hora tan especial, los niños están dormidos en su mayoría y los adultos se abrazan sin cesar, con las tradicionales frases “felicidades” con aliento a cualquier tipo de licor y tamal, mientras la dañina pólvora intoxica el ambiente y la música “borracha” no para de sonar en un país llamado Honduras.