El legado de don Miguel Calvo

“Don Miguelse casó con la devota dama villanovense Salomé Morel para dejar también el
legado de una linda familia”.

  • Actualizado: 27 de enero de 2026 a las 00:00 -

Uno de los motivos por el cual quisiera regresar a mi infancia es el de disfrutar de nuevo los matinés del cinema Urbe en los que solía ver películas como las de Tarzán, el hombre mono, que hacía estremecer la selva con su alarido salvaje mientras Chita la mona, su inseparable mascota, brincaba alborozada. Recuerdo a Roy Rodgers derribando, a puñetazo limpio, a los bandidos que habían asaltado la diligencia sin estropear su vistoso traje de vaquero.

En sus inicios este cine, orgullo de Villanueva, tenía localidades de tres categorías: la popular Galería compuesta de bancas corridas frente a la pantalla; detrás estaba Luneta con sillas individuales, y arriba reinaba Palco ofreciendo butacas más cómodas para un público selecto. Este estrado también era el preferido de las parejas furtivas que iban, más para acariciarse en medio de la penumbra cómplice, que a ver la película.

En la antesala del cine, cerrada con puertas de barrotes durante el día, estaban exhibidos los carteles publicitarios a todo color de los filmes que serían presentados durante la temporada. Cuando la gente pasaba frente al Teatro Urbe (así se llamaba) se detenía a atisbar, entre los barrotes, los grandes cuadros con figuras terroríficas como la de Drácula, cómicas como las de Cantinflas, las aclamadas de Pedro Infante o las gallardas protagonizadas por Pedro Armendáriz, entre otras. Por la noche asistían mayormente los adultos. Hasta Palco llegaban la gritería y silbidos de “los chabacanes” de Galería cuando salían en escena Tongolele o Ninón Sevilla moviendo sus ampulosas caderas, en diminutos trajes, al son de una rumba o un mambo de Pérez Prado.

Aunque aquellos cines al estilo del Teatro Urbe desaparecieron, hoy podemos ver la película que nos plazca desde la placidez de la cama a través de Netflix. Sin embargo, aquella emoción provocada por el impacto deslumbrante de los primeros destellos cinematográficos en nuestro pueblo, no la podemos experimentar entre el marasmo de la tecnología que sepultó aquella ingenua novedad.

Los villanovenses debemos la herencia de esa época inolvidable al visionario ciudadano español Miguel Calvo quien, al arribar procedente de su país, levantó el cinematógrafo frente a la plaza principal en 1947, justamente el año en que Villanueva fue declarada municipio. Don Miguel se casó con la devota dama villanovense Salomé Morel para dejar también el legado de una linda familia. Con ella procreó al recordado Manuelito Calvo y a María Teresa Calvo de Gabrie quien se marchó a la eternidad el pasado 18 de enero, dejándonos sin su peculiar alegría. En memoria a la querida amiga, dedico hoy mi artículo.

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