Pigmalión, rey de Chipre, por mucho tiempo buscaba la mujer para casarse. Solo ponía una condición, debía ser la mujer perfecta. Según la mitología griega, se frustró en la búsqueda y decidió crear esculturas, que resultaron preciosas. Una de estas, Galatea, era tan bella que Pigmalión se enamoró de la estatua y soñó que cobraba vida.
Al despertar se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza cedía a los dedos suavemente. Creyendo que se engañaba, volvió a tocar la estatua otra vez y se cercioró de que era un cuerpo flexible.
Se encontró con Afrodita, quien, conmovida le dijo: “Mereces la felicidad que tú mismo has plasmado, aquí tienes pues la reina que has buscado. Ámala y defiéndela del mal”. Y así fue como Galatea, según la mitología, se convirtió en humana.
Por ello, el efecto pigmalión se llama ahora a la “imagen o expectativa del futuro que los padres y educadores tienen y que influirán en el comportamiento sobresaliente de ese alumno”. ¿Algo nuevo salido de la Inteligencia Artificial?
Déjeme contarle que en 1964 dos investigadores de la educación Rosenthal y Jacobson, realizaron una profunda investigación, basada en un supuesto test.
Se les dijo a los profesores que ciertos alumnos habían obtenido notas sobresalientes. Y efectivamente esos alumnos acabaron obteniendo resultados muy superiores al resto.
Ahora bien, es habitual que tanto padres como profesores se generen inconscientemente prejuicios o bajas expectativas sobre sus hijos o alumnos, por ello es importante cuidar el lenguaje para no caer en el efecto pigmalión negativo.
Yo sé, con una seguridad que no deja lugar a la duda, como mejorando la expectativa que una persona tiene sobre sí misma, esta logra cambios maravillosos.
Y lo sé porque Dios me ha permitido verlo ocurrir en cada Curso Dale Carnegie. Cada Trainer Carnegie puede dar fe de como a sus participantes el horizonte se les vuelve ilimitado.
LO NEGATIVO: Marcar los supuestos defectos en las personas, logrando un comportamiento mediocre.
LO POSITIVO: Ayudar a los demás a descubrir sus potencialidades, logrando el efecto pigmalión.