Y, aunque había tenido el corazón y la cabeza metidos en Aldebarán por más de dos décadas, me gustaba muchísimo lo que hacía ahí y estaba plenamente comprometido con aquel proyecto educativo, el ofrecimiento era más que tentador.
Unitec era, y continúa siendo, una entidad de educación superior sólida, con un prestigio bien ganado, gracias a un trabajo serio y notablemente profesional, y era mi oportunidad de volver a trabajar a nivel universitario, luego de mis 14 años como docente en la UNAH, y que había interrumpido en 1997, para dedicarme exclusivamente al colegio.
Cuando se toma la decisión de cambiar de trabajo, se piensa, evidentemente, en las ventajas que se tendrán en la nueva empresa o institución en la que se va uno a desarrollar profesionalmente, y, en los beneficios que se recibirán.
Sin embargo, en este caso, personalmente, me movía también el deseo de aprender, de conocer qué se hacía en Unitec para que, en los 28 años de andadura que entonces tenía, se hubiera ganado el respeto de la sociedad hondureña.
Después de 10 años; el pasado domingo 26 cumplí una década de haber comenzado a trabajar en Unitec, miro hacia atrás y reconozco que, más que lo que yo he podido contribuir con el cumplimento las tareas que se me han sido encomendadas, han sido 10 años de aprendizaje continuo, en un ambiente en el que no solo trabajan profesionales comprometidos con lo que hacen, sino, y sobre todo, personas que han sido capaces de crear una comunidad educativa en la que se conjugan no solo valores intelectuales sino también profundamente humanos.
Unitec es una universidad en la que cada día se definen nuevos retos. La acelerada evolución de la ciencia obliga a que siempre haya proyectos nuevos, puestas al día, mejoras continuas en todos los ámbitos del quehacer universitario, y un trabajo que parte de la convicción de proveer a los estudiantes de las competencias con las que podrán desempeñarse exitosamente en este país o en cualquier lugar del mundo. Los objetivos por alcanzar son cada vez más ambiciosos y las metas continuamente van moviéndose hacia adelante, porque no existe en educación un punto de llegada del que se pueda decir: suficiente.
Después de 10 años, entre las muchas cosas que puedo y quiero decir me quedo con una: gracias a todos los que han tenido que ver con esta década tan importante para mi desarrollo personal y profesional.