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12:32 AM

¡Desencantados!

  • Actualizado: 23 abril 2023 /
Emy James

¿Qué tal las sensaciones que nos vienen cuando ya somos personas de “cierta edad”? Hablemos de la auto confianza, por ejemplo. Esta dependerá de cosas como nuestra relación de pareja (si la tenemos), nuestra personalidad, entorno, propia percepción de la realidad etc.

Es muy probable que no tengamos la misma confianza de cuando teníamos 30, y eso es así. Como ya dije pues, dependerá de muchas cosas. Mientras platicaba en un café con una amiga, observé a una mujer de unos 46 años, piel blanca, cabello a los hombros, delgada, bonita, quien vestía una blusa semi transparente floja a la cadera y uno de esos jeans llamados popularmente “punta de tubo”.

Pidió una bebida fría y se sentó a su mesa. Claramente esperaba a alguien. Luego volvió a levantarse a quién sabe qué, varias veces, claramente estaba nerviosa. Sentada, se arreglaba el cabello, miraba constantemente a la puerta, sonreía sola, revisaba el celular, sacaba y metía cosas a su bolso y así. Imaginé que esperaba a alguien del sexo opuesto y pensé; wow hay emociones difíciles de ocultar.

También pensaba en lo diferente que puede percibir la gente este tipo de cosas; si se trata de una muchachita de 16, nadie se entera, pero una de 46 tiene toda nuestra atención, ¿sí o no? El asunto es que luego de unos 20 minutos aproximadamente, el tan esperado personaje apareció. Desde ahí tuve un sentimiento negativo: ella esperó o la hicieron esperar mucho.

Digo, si era su arquitecto, agente de seguros, profesor de música o algo así, si la reunión era de trabajo o algo por el estilo no importaría, pero si se trataba de algún asunto romántico, entonces sí que contaba. En lo personal no encontré nada particular en la actitud un poco infantil de ella ya que el espíritu no envejece y eso es cierto. Fue la evidente indiferencia que el muchacho de aproximadamente 33 o 34 años mostraba hacia la mujer.

Tristemente he escuchado infinidad de jóvenes usar la calificación de “ridículos” para describir a las personas mayores que les pretenden y me pareció estar ante uno de esos casos. Durante la conversación él estuvo serio, una que otra mueca hicieron de sonrisa. Cuando ella volteaba a otro lado (sin dejar de sonreír), el muchacho le dedicaba miradas poco agradables.

No estuvo mucho tiempo, parecía que había sido forzado a llegar. Se despidió de una manera fría, y cuando se fue, ella se veía, no molesta, sino desencantada. Desde luego que no tengo la menor idea de lo que hablaron, pero si no me equivoco y no había nada entre ellos, pero sí una fuerte atracción de ella hacia él, entonces confirmo una vez más lo importante que es asegurarnos de llegar a grandes con el compañero correcto.

Si nos toca arribar solos pues, asegurémonos de hacerlo con la madurez necesaria y con la autoestima en un nivel óptimo para que nadie nos haga sentir mal o desencantados bajo ninguna circunstancia y mucho menos por algo tan trivial e irrelevante como lo es la edad.