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12:41 AM

Desde el mirador

  • Actualizado: 30 julio 2023 /

Todo daba vueltas. Con los ojos abiertos era aún peor, por eso buscaba a toda costa permanecer con los ojos cerrados. El vértigo nuevamente estaba allí, dispuesto a hacerme pasar un muy mal rato. Los minutos parecían elásticos, podía sentirlos como horas, mientras esperaba la presencia de mi hermana, que es doctora, dispuesta siempre a acudir al llamado al que parece estar cada vez más acostumbrada.

Después del medicamento, estaba tendida en una cama sin poder moverme, ni abrir los ojos. El tiempo, cada vez más denso, parecía darme una lección: “¿cuántas veces has dicho que no tienes tiempo para descansar?”

Luego de un par de horas desperté de un sueño pesado. El vértigo estaba pasando, pero la sensación de inestabilidad y dependencia de otros era más fuerte de lo que me sentía capaz de soportar.

Ver pantallas se convirtió en una prohibición, que en el mundo actual parece sumirnos en un cuarto oscuro, lejos de lo que sucede en el mundo exterior. Sentí angustia. Entonces comprendí que puede ser muy cierta la ansiedad que nos genera estar permanente conectados y en tendencia, como si en cuestión de minutos pudiéramos perdernos la noticia más importante de nuestras vidas.

Pero la noticia más importante es que estamos vivos y que el tiempo -el nuestro, no el genérico- se nos pasa en esa carrera permanente.

La vida me había colocado en un mirador, nada más que lejos de ofrecerme el paisaje, me mostraba mi propio interior. Nada, primero era incapaz de sentir otra cosa que angustia, al tener los ojos cerrados y enfrentarme con mis pensamientos y la incertidumbre que genera la pregunta “¿y ahora qué sigue?”.

Más sosegada pensé en lo que sentirán miles de personas que se encuentran en el vértigo de situaciones complejas: enfermedad, desolación, desesperanza y soledad. Enfrentar el miedo no es asunto fácil.

¿Qué vemos, cuando no tenemos más compañía que nuestros propios pensamientos?, ¿con qué conectamos?

En diversos momentos, la vida tiene la cualidad de colocarnos en ese mirador, en el que es más difícil observar y sacar conclusiones, que fluyen cuando se trata de observar la panorámica que incluye a los demás.

Pensé en la necesidad de correr menos y disfrutar más, de escuchar menos las voces externas para dejar fluir la mía, de prestar más atención a nutrir mi vida espiritual y no solamente a llenar mi agenda de actividades.

Desperté con la intención de estar más, valorar el ahora, elegir las batallas que estoy dispuesta a librar y dejar pasar aquellas que no me corresponden; a escuchar más para comprender, menos para defender.

Reconocí una vez más que hay situaciones que no puedo cambiar y debo aprender a aceptarlas y si es posible, abrazarlas, no con resignación, sino con serenidad.

¿Se ha encontrado alguna vez en ese mirador interior? No espere a que sucedan momentos críticos, cualquier instante puede ser valioso para visitarlo. Conecte con su interior, no olvide su espiritualidad, tan indispensable para seguir adelante. En momentos de incertidumbre, quizás más que en otros, es un potente asidero para continuar y dar gracias por el don de la vida, sin vueltas, sin miedos.

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