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Decisiones políticas

  • Actualizado: 20 febrero 2022 /
Elisa Pineda

La emoción gana terreno sobre la razón. No es ningún secreto que todo aquello que logra conectar con las emociones, tiene un impacto mayor que los mensajes que apelan a la razón.

Nos identificamos con lo que nos hace sentir, por encima de lo que nos hace pensar, y mientras más proclives somos a tomar decisiones emocionales, menos valoramos el análisis sobre los impactos de cualquier determinación.

Eso puede ser peligroso cuando se trata de la conducción del destino de la nación, pues puede llevar a decisiones populistas, es decir, que buscan ganarse la simpatía del pueblo por encima de proponer verdaderas soluciones a los grandes problemas que nos afectan.

Al respecto, llama la atención cómo el Poder Legislativo está siendo escenario de propuestas y discusiones sobre temas de los que parece haber desconocimiento. Uno de ellos, que ha dado pie a opiniones de diversos sectores de la sociedad, es la iniciativa del diputado Rasel Tomé, para suspender el examen de admisión –prueba de aptitud académica, PAA- de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah).

La propuesta ha sido planteada como “un acto de justicia, cortando nudos de exclusión”, cuando en realidad se trata de un tema académico que solamente evidencia la baja calidad del sistema educativo, en los niveles previos.

La medida se enfoca en una de las consecuencias y no necesariamente en la causa raíz de la problemática educativa en Honduras y por lo tanto, está sesgada, en la medida en la que no contempla el análisis objetivo y el impacto de su aplicación a corto, mediano y largo plazo.

Mientras tanto, el rector de la máxima casa de estudios del país, Francisco Herrera, ha recordado que la Unah es una institución autónoma y no una secretaría de Estado, con la potestad para definir la gestión institucional bajo criterios técnicos y no políticos.

Este tema revela lo complicado que puede ser tomar decisiones desconociendo las diversas aristas que pudiera tener, bajo criterios políticos que hábilmente encuentran eco en las emociones, por encima de cualquier otro.

En lugar de elevar los estándares de la educación en Honduras, lo que se plantea es “eliminar obstáculos”, lo que en otras palabras equivale a aceptar la mediocridad educativa, revestida con un manto de justicia social.

Honduras tiene múltiples desafíos que enfrentar y las expectativas de solución son tan elevadas, que no es válido jugar con ellas.

Una de las propuestas planteadas por el diputado Luis Redondo, antes de la controversial elección a la Presidencia del Congreso Nacional, era priorizar la acción del Centro de Investigación y Estudios Legislativos (CIEL) que es no solo pertinente, sino sumamente necesaria para la toma de decisiones basadas en criterios objetivos, firmes, y no únicamente de opiniones políticas.

Ojalá pronto veamos cambios sustanciales en lo que surja del Legislativo. Tal vez vale la pena recordar que cambiamos de gobierno, pero no de país. Los problemas siguen estando allí, con el riesgo de agravarse si no se tratan con eficiencia.

Poner como excusa lo que no se logró antes, equivale también a bajar el estándar comparándose precisamente con lo que deseamos que quede atrás. Hay que ver hacia el futuro y actuar en ese mismo sentido.